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Miércoles , 16.01.2019 / 03:22 Hoy

El Pulso

El ciudadano y la“nueva democracia”

Víctor Martínez Lucio

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Muchas personas viven con la amargura de no olvidar el pasado o la angustia de no conocer su futuro.

Paradójicamente se ocupan poco en cambiar su presente, tal vez porque consideran poco probable lograrlo.

Por esa razón, en buena medida, la participación ciudadana de los nuevoleoneses es casi nula, aunque la causa les indigne y sus efectos los hagan perder tiempo, dinero y esfuerzo; los ciudadanos no dan señales de vida.

La semana pasada hubo más gente en las filas de las oficinas de Control Vehicular que en cualquiera de las protestas organizadas por los colectivos; clara muestra de que la indignación por el aumento a los derechos vehiculares no pasó de la estridencia en internet, en WhatsApp o en charlas de fin de año.

En las redes sociales hubo de todo: linchamiento a los 42 diputados, reclamos airados al gobernador, memes , videos agresivos y todo tipo de expresiones que se acostumbran. Hasta ahí llegan.

Las redes sociales sirven para eso, lejos de provocar que la gente se active para cambiar su presente, para influir en lo que les afecta, ayudan al desahogo, a que "la sangre no llegue al río".

Desde sus escritorios, los grupos de poder, los que toman las decisiones solo se ríen, sacan screenshots y los comparten en sus grupos para bromear, salvo contadas excepciones de servidores que lamentan avergonzados no poder cambiar las cosas. Sí los hay.

Así se mueven hoy las cosas, mientras al ciudadano lo traen de un lado a otro; le aumentan los impuestos en nombre del medio ambiente, le aumentan el transporte bajo la idea de que no es negocio y con la gastada promesa de que va a mejorar.

El responsable de la seguridad del estado se atreve a poner condiciones, "renuncio si no me hacen caso"; como si los niveles de robo, homicidio o asaltos en vía pública hubieran bajado en estos meses.

Al ciudadano le retiran programas sociales estatales de un plumazo, sin avisarle siquiera que vienen los apoyos federales a sustituirlos, aún sin fecha.

Les llega el recibo del gas a sus casas ya vencido, y luego la empresa les regaña por hacer fila y no pagar en los cajeros, que de 5 funciona 1 casi siempre.

La basura no pasa durante días y con una mano en la cintura solo explican que fueron asuetos, que la gente debe descansar.

La lista es larga y los agravios muchos, pero las ganas de cambiar las cosas solo son de palabras, que ahora no se lleva el viento, te las guarda Facebook e irónicamente te las recuerda años después.

Por si fuera poco, a la luz de estas ofensas al ciudadano surgen organizaciones que protestan públicamente con consignas y pancartas que, al poco tiempo, como por metamorfosis, se erigen como grupos de choque al servicio de intereses magros, o auténticas planillas que sirven para levantar el ego y promover la imagen de un futuro candidato o advenedizos de fama fugaz en la política local.

Todo eso pasa mientras el ciudadano gusta del activismo de likes o de retuits, el deporte favorito de muchos engañados por la "nueva forma de hacer democracia".

El ciudadano de hoy se pregunta y se contesta solo, se enoja y se calma solo, se informa y se engaña también solo.

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