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Lunes , 15.10.2018 / 23:18 Hoy

De neblinas y Don Goyo

Manuel Camacho Solís

Víctor Bacre Parra

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A Alejandra Moreno Toscano

Le conocí en las reuniones sobre municipalismo y desarrollo regional.

Al ser nombrado Secretario General del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y, desde ahí coordinar la campaña del candidato Carlos Salinas de Gortari, me invitó a incorporarme a su equipo de trabajo.

Ya designado Jefe del Departamento del Distrito Federal, me llamó y me envío con la doctora Alejandra Moreno Toscano, quien, nominalmente, era la Secretaría de Desarrollo Social pero que en los hechos era su principal asesora, colaboradora y gestora de muchas de las actividades, proyectos, obras y acciones de su gobierno en la regencia.

De las principales experiencias en las que participé y recuerdo: fue en la creación de redes de trabajo e intercambio con las principales universidades e Instituciones de Educación Superior del Distrito Federal y con los principales entes educativos de la república mexicana; el de promover la entrevista entre Doña Dolores Ávalos Vda. de Buendía-con quien comía yo, periódicamente-, y el regente, de la cual se derivó la intervención de Camacho Solís ante Salinas, de donde la presidencia gestionó y autorizó recursos para la propia señora Dolores y para la Fundación (cuestión que por la discreción de Manuel, nunca se dio a conocer y que hoy lo menciono como un reconocimiento más a su perfil de solidaridad con las causas justas); el que se haya aceptado la propuesta que les hice a Alejandra y a Manuel de reconocer y celebrar -entre tristezas y alegrías- los 50 años de la llegada y asilo a los exiliados españoles como consecuencia de la guerra civil española.

Fui el enlace con el Ateneo Español (Leonor Sarmiento) y con otros grandes literatos, escritores, artistas, científicos, filósofos e intelectuales y grandes perlas que conformaron la Diáspora Hispánica que, enriqueció el mundo mexicano del conocimiento, la cultura, las artes, las editoriales y muchas instituciones como El Colegio de España, después, Colegio de México; el Instituto Madrid; nuestra cinematografía con Luis Buñuel y otros; el enriquecimiento con profesores e investigadores en el IPN, la UNAM, la UAP, la Universidad Nicolaíta y en la Universidad Veracruzana.

Guadalajara, Monterrey, Puebla, el Bajío, Yucatán y otras ciudades y regiones, con centros de Música y de arquitectura. Las ingenierías y la Filosofía, así como casi todas las manifestaciones de la actividad humana, se revitalizaron y enriquecieron con los exiliados (es meritorio recordar que, junto al apoyo del presidente michoacano Lázaro Cárdenas, fue, en mucho, las gestiones del Chiauteco -poblano Gilberto Bosques, que hicieron posible este gesto- aparte de haberles salvado la vida junto con miles de judíos -y la cálida y humana recepción que el teziuteco- poblano Vicente Lombardo Toledano, junto con sus miles de trabajadores de la CTM les tributaron la bienvenida con los brazos abiertos y con un caluroso y encendido discurso cuando descendían del “Sináia” en el puerto de Veracruz); Hubo muchos festejos en toda la ciudad de México y, el cierre de ellos fue en el Palacio de Bellas Artes, con música del exiliado Haffter y, con los discursos de la poeta Angelina Muñiz y del propio Manuel Camacho Solís.

De especial mención, fueron la creación de “LAS CASAS”: del Poeta (sita en la calle Álvaro Obregón, donde vivió López Velarde); del ejército; del Teatro, de “Cuatro Estaciones”; de la Ciencia y en particular, “El Museo-Casa de Trotsky” con “El Instituto de Asilo y Las Libertades Públicas” -contiguo a la casa- que con la idea de Alejandra de crearles un fideicomiso a cada una de ellas, ha permitido que los cambios de gobiernos en el DF no alteren y destruyan su funcionamiento y vida.

Al reinaugurarse la Casa -Museo de Trotsky-, me tocó ir por el único orador que intervinoen el mencionado acto, el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez. Ante cientos de ciudadanos, políticos, amas de casa, universitarios, intelectuales, organizaciones de centro e izquierda y hasta de estalinistas que, miraban, incrédulos, el poder de convocatoria del gobierno del DF.

Dijo Manuel Camacho: “Al entrar a la casa(…)Uno tenía que decirse a sí mismo, que en los tiempos actuales, que el significado más profundo de esta casa, estaba en comunicar lo que aquí ocurrió, nunca jamás debería volver a ocurrir: que nunca se acose y se acorte la vida de alguien, porque piensa distinto”(…)”Esta casa era también símbolo de cómo México ha podido ser hogar de perseguidos políticos, a través del derecho de asilo”.

Y, en el ahora, durante el homenaje que se le rindió a Manuel Camacho Solís en el Senado de la República, su hijo, Manuel Camacho Velasco leyó unos fragmentos de la carta que su padre les dejó como mensaje: “Manténgase unidos, busquen siempre la felicidad, corrijan lo que está en sus manos cambiar, no guarden rencores contra nadie(…)y quieran mucho a México. Es nuestro país, al único al que pertenecemos, el único que nos pertenece”.

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