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Viernes , 17.08.2018 / 17:07 Hoy

De neblinas y Don Goyo

Los Audirac en el Totonacapan

Víctor Bacre Parra

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Existen familias, muy destacadas, en todas las comunidades que integran las diferentes regiones, entidades y municipios de nuestra República Mexicana (y nos imaginamos que al igual en casi todas las localidades del mundo).

Este reconocimiento a esas familias, generalmente, se sustenta en las acciones que ellas realizan en beneficio de sus vecinos y de sus prójimos. Sea en lo económico, en lo político, en lo cultural, en lo educativo, ético, ganadero, deportivo, religioso, militar, artístico, comercial, agrícola e industrial. Ello viene a cuento por que en uno de los corazones del Totonacapan veracruzano-poblano: Mexcalcuautla-Teziutlán, se dio la grata presencia, trascendencia e influencia de la familia "De los Audirac".

En lo consultado en fuentes orales y documentales se nos refiere: Antonio Audirac Alfonsín. Hijo de Juan Audirac Fareu y Carmen Alfonsín Murillo. Nació en Xalapa en enero de 1864 y, falleció en Teziutlán en 1930. Invitado por su hermano Eduardo, llegaron a Teziutlán procedentes de Xalapa (ambas brillantes joyas del Totonacapan), imbuidos y formados en las técnicas y metodologías del Maestro Rébsamen, a fundar el principal centro educativo y cultural en la región serrano-costeña Puebla-Veracruz (e inclusive impactando jironcllos de Tlaxcala e Hidalgo), a principios del siglo XX, al que denominaron "Liceo Teziuteco". Y cuyo hecho histórico-educativo, por su importancia y relevancia, consideramos que es justo resaltar.

"La familia, es un grupo de personas formado por individuos que se unen, primordialmente, por relaciones de filiación o de pareja. El Diccionario de la Lengua Española la define, entre otras cosas, como un grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas; lo que lleva implícito los conceptos de parentesco y convivencia, aunque existan otros modos, como la adopción. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el elemento natural, universal y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado"

Antonio Audirac Alfonsín se casó con Carmen Gálvez Arrieta y tuvieron los siguientes hijos, nacidos en Teziutlán: Augusto, Mario, Juan Antonio, Luis Octavio, Emilio Ernesto Ma. Antonieta y Carmen. Otras fuentes señalan, además, a Juan Ma. y a Rubén Dario. La mayoría de ellos y ellas destacaron como educadores, promotores culturales, escritores, periodistas, políticos e historiadores.

En esta colaboración, por tiempo y espacio, sólo les compartiré fragmentos de las aportaciones que Augusto Audirac, nos obsequia en su trabajo "Historia de un Colegio", con su excelente y pueblerina prosa que hacen referencia a las anécdotas y personajes centrales de aquel añorado y homenajeado por él: "El Liceo Teziuteco.

Dice Augusto: "Los casos de Benigno Viñas y Luis Viñals, además de su trato social y bien hablar, nos admiraban con sus trabajos(...)Y entre los otros más aplicados, se encontraban, Rafael García, Fernando Diez, Luis Santiago, Roberto M. Levet, Vicente Murrieta, Carlos Díaz Pumarino, Carlos Balcázar, Rosalindo y Florencio Cerda, Manuel Ávila Camacho, José Ma. y Carlos Bracho, Luis Balcázar, Vicente Lombardo Toledano, Pedro de Noriega, Luis Lombardo Toledano, Elias e Isaac Huici, Ignacio Macip(...)Luis Llaguno, Maximino Ávila Camacho, Ruperto Agüeros Parra, Ildelfonso Cabada, Alberto Casazza, Clemente Viveros, Gorgonio Quesnel, los hermanos Foglia, los Saqui, Los Macip, Máximo García, Ernesto Bello y tantos otros condiscípulos(...)Algunos de ellos ya no viven(...)Los demás están alejados de mi y de mis recuerdos; pero bien quisiera tener a mano los registros y nombres del Colegio para reencontrar esa vieja amistad que ahora siento que se me acerca y me envuelve, como entonces; como en aquellos días en que, entre el aroma del "axocopan" y el "ocoxale" prodigado en las fiestas populares y el apremio de los estudios, se abría nuestra vida a los primeros deleites y los primeros dolores de la juventud" (Audirac, A. "Historia de un Colegio", México, 1949).

"Nuestra Madre, Carmen, amaba mucho las flores. Gustaba de tener las más raras variedades de Rosa, de Claveles, de Azaleas, de Camelias, de Chícharos de olor y cuyos colores y olores llenaban todo el jardín(...)Así, conocimos a sus amigas y otros hogares todos llenos de esa dulce paz que cubría Teziutlán, que lo alcanzaba, desde el vibrar de las campanas del Carmen, de San Rafael o de la Catedral o hasta de las lejanas capillas de los barrios siempre en fiesta; desde los bosques de encinos, de pinos y de "hilites", desde las cumbres Lápiz-Lázuli de sus montañas; desde el cobalto de su cielo y hasta del chipi-chipi interminable en la ciudad y en el campo(...)cuando no los envolvía la niebla, espesa y pesada, que llegaba hasta los últimos rincones de las casas y casi diría que de las almaso caía en pequeñas y blancas plumas, el silencio de las nieves en las noches invernales..." (Ibid).

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