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Miércoles , 17.10.2018 / 07:20 Hoy

Granada

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A Mary W. Shelley,
por su “Frankenstein”

Ayer, 2 de enero de 2018, se cumplieron 526 años de la llamada “Toma de Granada” por las tropas castellanas y cristianas que comandaban Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, conocidos como “Los Reyes Católicos” al recibir las llaves de la ciudad granadina por parte de Boabdil, último monarca Árabe-Nazarí y, con ello, se cerraba la reconquista y se sentaban las bases de la unificación y creación de España (quizá, junto con Portugal, los primeros Estados contemporáneos que se empezaron a configurar). Ello, sucedió en 1492.

Antes, en noviembre de 1491, en el campamento-descampado de Santa Fe -lugar que empezaba a jugar un papel preponderante en las acciones y proyectos de Isabel y Fernando y de la propia cristiandad que iban a impactar en próximos sucesos locales y en el mismo concierto internacional de otros territorios y continentes- se iniciaron ahí Las Capitulaciones que llevarían su nombre y que sentarían las bases de grandes gestas y transformaciones.

El Anda-luz, hoy Andalucía, fue una región habitada por Árabes-Nazariés-otros y desarrollada y próspera con obras de ingeniería e hidráulicas que abrigaron una agricultura óptima, una alimentación muy rica y, fundamentalmente, una región pletórica de expresiones y monumentos arquitectónicos culturales habitada por mujeres y hombres de bien. Sabios, poetas, escritores, matemáticos, filósofos, ingenieros, músicos, dramaturgos, escultores, agricultores, astrónomos, traductores, profesores, sastres, albañiles, caballistas, ganaderos, pescadores, cocineros, viticultores y trabajadores de otras profesiones y oficios.

Lo que hoy son las provincias de Sevilla, Córdoba, Málaga, Jaén, Cádiz, Huelva, Almería y la propia Granada formaron esa gran concentración de población en el sur de la península Ibérica. Granada, al pie de la Sierra Nevada, con el fondo de las Alpujarras; a pocos kilómetros de Salobreña, en la costa. Con su Valle del Lecrín, de Dilar, de Fuentevaqueros, de su gran Vega; del ahora poblado de Santa Fe a una decena de kilómetros. De Naydamar. Con su Albayzín o Albaicín. Y, sobre todo, con su inigualable: Alhambra.

En mi última estancia en esa, mi preferida ciudad, por cerca de un mes; la cercanía, asesoría y apoyos del Pbro. Miguel Ángel -y de toda su familia Morell Parera- así como de otros párrocos y del Cura Mayor de la Catedral de Granada, hicieron posible el que, conjuntamente, construyéramos la hipótesis de que ahí, en Santa Fe, Granada se sentaron las bases, materiales y espirituales, para que posteriormente fueran posible los viajes de Cristóbal Colón y se diera el encuentro con un nuevo continente. Y, además:

La conquista y colonización de varias culturas y habitantes originarios así como de sus territorios, riquezas y materias primas llevando la espada y la cruz como símbolos de destrucción, sometimientos, expoliación, ideologización, saqueos, evangelización, explotación, nuevas lenguas, nuevos hábitos y conocimientos que, todo, en su conjunto cambiarían la historia universal y daría el inicio a la mayor migración humana -al principio sólo de ida, al rato también de vuelta- conocida hasta entonces. Los europeos, africanos y asiáticos llegaron al continente que más tarde se iba a llamar: América. Y, así, comenzó también, la época contemporánea.

Afirma Washington Irving -uno de los fundadores de la literatura estadounidense-que: “Data la Alhambra de la época del primer monarca granadino. Su nombre era Abu Abd´allah, escrito así en algunos salones del palacio. Abu Abd´allah quiere decir ‘el padre de Abdallah’, pero a este soberano le llama la historia musulmana Mohamed Abu al Hamar, que significa Mohamed hijo del Ahmar”(…)Mucho tiempo gozó Abu al Hamar de las delicias de la Alhambra, porque su vida fue duradera. Fundó el palacio cuando contaba con 40 años de edad y murió a los setenta y nueve, en pleno goce de sus facultades intelectuales y con una energía física envidiable” ( Irving, W. “Leyendas de la Alhambra”, Edimat Libros, Madrid, 2000).

También refiere Irving, “en la Mezquita Real, debajo de las habitaciones del gobernador de la Alhambra, murió el noble Yusef Abul Hagig, insigne príncipe, que puso glorioso remate, a la construcción de la fortaleza, merecedor del renombre que alcanzara al fundador, Abu al Ahamar, por las preclaras virtudes que, como a aquél, le adornaban” (ibid).

Así pues, les volveré a compartir lo que, en este mismo espacio escribí sobre Santa Fe, Granada: “Hoy es un ayuntamiento gachupín de unos 15 mil habitantes que se encuentra a unos 14 kms. de la capital granadina; Allí se firmaron, el 17 de abril del también 1492, las llamadas Capitulaciones de Santa Fe.

Con lo que se autorizaba a Cristóbal Colón, a emprender el viaje presentado a los reyes católicos a fin de obtener los apoyos respectivos.

Estas fueron las principales cláusulas del convenio:

A) Título de Almirante (hereditario), válido en lo que descubriera y también en Castilla.

B) Título de Virrey (también hereditario) en las tierras a descubrir.

C) El diezmo de los productos obtenidos, entregando un quinto a la corona.

D) La jurisdicción comercial derivada de su acción mercantil en su almirantazgo.

Y, E) El derecho a contribuir con un octavo de la expedición y a recibir lo mismo.

El 3 de agosto de este 2018 se cumplirán 526 años de que Colón, con dos carabelas -“La Pinta” capitaneada por Martín Alonso Pinzón; “La Niña”, piloteada por Vicente Yáñez Pinzón, y la nao “La Santa María”, comandada por el propio genovés- zarparon del Puerto de Palos de la Frontera.

Volviendo a Santa Fe, Granada, ahí también los Reyes Católicos emiten el decreto de la expulsión de los judíos el 31 de marzo, de que deben salir el 31 de julio de 1492 (al año, expulsan a los Árabes, de igual forma) y establecen las bases de la Contrarreforma Católica contra la Reforma de Lutero y Calvino, por medio de las órdenes monacales y de la evangelización de América, Filipinas, África y Asia. Es pues, Santa Fe, Granada; el lugar en el que estas gestas, decretos, acuerdos y acciones salieron para crear, conformar e impactar muchos de los contenidos materiales y espirituales del propio ser contemporáneo de la América Latina, y de lo que le toca al demás Occidente, para bien o para mal…”(Bacre, V.:”Milenio-Puebla”).

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