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Sábado , 20.10.2018 / 00:23 Hoy

Columna de Vicente Quirarte

Eraclio Zepeda: verbo que nunca se fatiga*

Vicente Quirarte

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Del niño que a los diez años de edad publicaba el periódico Alma infantil al orgulloso padre de Masha y abuelo de Milena, ambas nacidas entre la magia y la creación, han ocurrido viajes, descubrimientos y tareas. En esencia, Eraclio Zepeda sigue siendo el niño travieso, ingenioso y sabio, con sonrisa y respuesta para todo. Tempranamente descubrió su pasión por las letras y su inconformidad ante la injusticia. Con igual vehemencia lo conquistó el amor en la luminosa Elva, compañera de todos sus combates. Al lado de poetas hermanos por elección de La espiga amotinada, su juventud vivió cambios trascendentes de la historia; quiso y logró estar en su primera fila: fue testigo y actor de utopías formuladas por las revoluciones en Rusia, China y Cuba, donde manifestó sus cualidades de militante, maestro y comunicador hipnótico; cuando se lo ha exigido México, ha ocupado cargos de responsabilidad pública y ha enfrentado asperezas.

Ha consagrado su energía, su talento, su lealtad a Chiapas: su lejanía geográfica tan proclive al desdén y al olvido centralistas; sus contradicciones sociales; su riqueza de climas y paisajes; su tragedia cotidiana, su invencible alegría, su lenta incorporación al concierto nacional han sido eje de sus preocupaciones. Su biblioteca personal se ha ido centrando cada vez más en su estado natal y puede afirmarse que es una de las más completas que existen. Quien esto escribe no hubiera entendido cabalmente la figura de Belisario Domínguez de no haber sido por obras consultadas en la biblioteca eráclita; si ese senador impar fue un héroe civil, como el propio Eraclio lo dice en su prólogo a palabras belisarias que bien pueden ser consideradas una nueva oración sobre la dignidad del hombre, es porque Eraclio Zepeda ha dedicado su existencia a merecer un calificativo semejante. Excepcional individuo de la polis, ha alcanzado tal categoría por ser, de manera natural, noble y leal, una ciudad en sí mismo, luminoso, acogedor, generativo, lleno de sorpresas y de abismos. Llegar a ese sitio significa una larga y asimilada peregrinación interior.

Zepeda ha sabido utilizar ese espacio para escribir su tetralogía narrativa, esa summa chiapaneca donde a partir de los cuatro elementos el autor rinde homenaje a las historias y a la Historia que su experiencia ha recopilado en sus largas, fecundas travesías.

A los 22 años de su edad publicó un libro que nació clásico, Benzulul, cuentos que ya prefiguran a un escritor donde se dan la mano la visión del antropólogo y el poeta de oído irreprochable. Los relatos demuestran un envidiable dominio verbal aliado a una cosmogonía interior que condiciona el destino fatal de sus personajes: sus trabajos y sus días quedan fijados en el cielo de nuestra imaginación pero al mismo tiempo son la suma de todos los sin nombre cuyo testimonio el gran Eraclio ha pepenado en los caminos. Los sonidos del paisaje y sus habitantes en apariencia invisibles; la profundidad psicológica de sus voces y, sobre todo, el dominio del habla propia de Chiapas, su verosimilitud y autenticidad en la obra narrativa, lo hicieron ingresar en la nómina de escritores que no envejecen y hacen del español una lengua caudalosa.

Zepeda se remonta a tiempos en los que los venidos del otro lado del mar trajeron, entre otras armas, la lengua. Si ella conquistó a los habitantes originarios de estas tierras, el dominio que a través de los siglos hemos logrado de la que ha devenido en conquistada, la hace variada, noble y poderosa.

Al igual que don Pacífico Muñoz, cuando Eraclio Zepeda abandonaba apenas la pubertad, debe haberse dicho ante su implacable espejo: "Señoras y señores, voy a volar", seguro de que la conquista incierta, pero siempre gloriosa, del espacio, es el único antídoto contra el aburrimiento y la muerte en vida. Pero al contrario de don Chico, incapaz de volar por atender las demandas de sus prójimos, Eraclio Zepeda es un caso excepcional en nuestra república literaria. Sin dejar de escuchar al que se acerca a solicitarlo, aprendió a volar desde muy joven y nos ha enseñado a volar. Con ese aliento inicial y decidido han fructificado los afanes de su edad madura, firme y rotunda como ceiba. Eraclio Zepeda, sé bienvenido a esta casa, ennoblecida por tu aire de permanente juventud, tu talento privilegiado, tu verbo que nunca se fatiga. m

*Fragmento del discurso de bienvenida a la Academia Mexicana de la Lengua que el autor pronunció el 23 de agosto de 2012 en el Palacio de Bellas Artes.

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