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Sábado , 15.12.2018 / 13:10 Hoy

El sexódromo

Roberto Argüelles: el poder literario de un trío HMH

Verónica Maza Bustamante

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A Roberto lo conocí en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde tuve la oportunidad de conversar con él sobre las lúbricas letras que encierra su relato protagonizado por Reveca, Ben y Max, el cual no considera estrictamente “erótico”, pero cumple con las normas del género, aderezado con diversas reflexiones más una estructura dividida en 13 partes y un epílogo. 


¿Qué lleva a un abogado de negocios a escribir una novela como Polvos y estrellas?

Imagínate qué aburrido es ser un abogado que tiene que leer contratos y leyes todo el tiempo. Escribir es para mí una salida, aunque veo mucha relación entre la literatura y la abogacía porque mi profesión maneja mucho la filosofía. En la práctica se debe generar la confianza, te expone a detalles íntimos de la personalidad humana, por eso busqué hacer la transición de un lugar a otro sin que ambas áreas de mi desarrollo se opongan.

Leí que viviste la famosa “crisis de los cuarenta”. ¿Eso también te acercó a las letras?

La crisis primero la tienes que entender para saber si la puedes curar y, luego, si la quieres curar. Me tomó ocho meses escribir el primer manuscrito, pero 40 años encontrar una historia que quisiera contar. Mi escritura es autoexplorativa, pues lo primero que busco es entenderme a mí mismo a través de las letras y, de pasada, contar, conectar, entretener. No es autobiográfica, aunque tiene mucho de mí.

Tus personajes son de diferentes edades y cada uno tiene una idea del amor y el deseo.

Reveca no llega a los treinta años y Ben es mayor, pero son amorosos al estilo Sabines, de esos que juegan a tatuar el humo, a coger el agua, que buscan y saben que nunca han de encontrar. Son personajes en constante búsqueda. En el fondo, el amor es lo que todos deseamos tener, pero es muy esquivo. Es una película en movimiento que queremos ver como una fotografía. El papá de ella es un personaje importante en la historia, pues lleva a Reveca a no conformarse con una vida común. 

¿La consideras una novela erótica?

No precisamente, aunque es cierto que tiene una carga erótica muy fuerte. Reveca se la pasa sin ropa media novela. El mismo título es juguetón pues me gusta el doble sentido de la palabra “polvo” en castellano. A veces hay que echarse un buen polvo con alguien que te haga ver estrellas, además de entenderlo de manera poética o hasta científica. Cuenta también con un Lado B que maneja asuntos más negros y más profundos.

¿A qué se debe tu atracción hacia los tríos eróticos? 

Primero, a que jamás he hecho uno y me atrae lo desconocido. Aquí el trío es entre una mujer y dos hombres, que es menos común que el de dos chicas. La historia no se podría entender sin ese triángulo. El libro está escrito en formato LP, con Lado A y B. Hay mucha música en la novela, no obstante, creo que la nota sonora es tan importante como el silencio, con el que busco que el lector cierre el capítulo como quiera o pueda, justo como pasa en la vida misma.

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Erotismo lésbico: paraíso sin coito

Desde hace milenios se cree que el máximo placer que se puede sentir en lo erótico está relacionado con la penetración heterosexual. No obstante, se ha comprobado que el gozo va más allá de orientaciones sexuales y del coito, pues las posibilidades para vivirlo son infinitas si nos guiamos más por la curiosidad, la sabiduría sexual, el deseo y la libertad con la que vivimos cada experiencia.

Por ello me pareció importante un estudio realizado por las universidades de Indiana, Chapman y Claremont Graduate, en Estados Unidos, que acabo de leer aunque se llevó a cabo hace un año, en donde se afirma que la heterosexualidad no es un factor para llegar al orgasmo y que las mujeres que tienen sexo con mujeres pueden llegar a sentir más o mejor placer.

El informe se publicó en los Archives of Sexual Behaviour y sus autores explicaron que entrevistaron a más de 52 mil personas de ambos sexos, entre heterosexuales, homosexuales y bisexuales. La nota, retomada por el portal argentino Infobae, señala que “el principal mito en la sexualidad femenina es que la relación sexual entre dos mujeres es incompleta, ya que no se produce el coito (sin tener en cuenta los accesorios con los que sí puede darse la penetración)”. La conclusión de los investigadores es que las homosexuales llegan al orgasmo con más frecuencia que las heterosexuales pues, más allá de su orientación del deseo, todas las mujeres pueden experimentar una mayor tasa de orgasmos si dejan de suponer que estos llegarán a ellas por obra y magia de la penetración.

Curiosamente, frente al 95 por ciento de hombres heterosexuales que afirmaron estar muy satisfechos con su vivencia del placer, apenas 65 por ciento de mujeres hetero dijeron lo mismo. Al tener sensaciones semejantes, las lesbianas saben dónde, de qué manera, con qué intensidad estimular a sus compañeras, mientras que entre heterosexuales es necesario ir guiando a la pareja. El sexo oral se vuelve muy útil en todo caso, al igual que la masturbación compartida, las caricias y los besos más todas las posturas que se puedan realizar con el objetivo de liberarse y sentir, no creer que es una competencia o una obligación.

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