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Jueves , 18.10.2018 / 16:34 Hoy

Vida y Milagros

Tres recortes que no aprobarán los diputados

Verónica Mastretta

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Los recortes necesarios que antes de un mes deberán aprobarse en la Cámara de Diputados para evitar un endeudamiento que lleve al país por los abismos al que lo empinaron Luis Echeverría y López Portillo o el final del salinismo, seguramente dejarán de lado tres recortes, que además de ahorrar mucho dinero, darían no solo un gran gusto a la sociedad mexicana, sino que también enviarían un mensaje de ética y congruencia que no aparece por ningún lado en los altos círculos políticos y partidistas del país.

Primer y más anhelado recorte:

Reducir al mínimo los subsidios a los partidos políticos. Miren números: el PRI recibirá el año que viene 1,021 millones de pesos para su operación diaria, aparte del dineral que se ahorran con los spots gratis que el INE les regala a todos los partidos de manera permanente. El PAN recibirá 774 millones; el PRD 470; Morena recibirá y aceptará con gusto de lo que ellos mismos llaman "la mafia en el poder y las endiabladas instituciones" 395 millones de pesos, sin rechistar ni devolver un centavo. El Partido Verde 351 millones; Movimiento Ciudadano 327 millones; el reducido Panalito 255 millones; y el nuevo niño que parió nuestra ya abuela democracia, el Partido Encuentro Social 243 millones.

El ex priista y ahora flamante diputado poblano por el PAN, Juan Pablo Piña Kureczyn, propuso un interesante recorte de subsidios a la mitad. No hubo gritos de algarabía ni eco a su propuesta. No se escuchó ni un pequeño aplauso de parte de los diputados, sólo el zumbido de una mosca tenaz y aburrida que volaba por el congreso. Así que, de acuerdo a datos de Gil Gamés, los partidos seguirán gastando cada día 10.5 millones de pesos.

Segundo recorte que no llegará:

Reducción del gasto generado por el Congreso de la Unión, de los diputados y senadores y por lo tanto, del enorme número de ellos que no representan a nadie porque no fueron electos ni votados, los plurinominales. Entre todos, hoy le cuestan al país 11 mil 500 millones de pesos anuales, cada año más caros, sin que su carga de trabajo haya aumentado. En el Congreso de la Unión trabajan siete mil 257 burócratas, cinco mil 221 para los diputados y dos mil 36 a las órdenes de los senadores, tres veces más que el promedio mundial. Un tercio del personal atiende a los plurinominales. A eso habría que sumarle el gasto de los 32 Congresos locales y a Asamblea de representantes del DF. Este soñado recorte, desde luego mi favorito, debiera incluir una reforma que decretara la desaparición de absolutamente todas las candidaturas plurinominales, 200 diputados y 38 senadores federales, por los que nadie votó, que de acuerdo a las leyes electorales vigentes no hacen campaña, que son cuotas de los partidos y que son quienes realmente manejan las cámaras. Estos muñequitos y muñequitas plurinominales le cuestan al país la bárbara cantidad de 2,400 millones de pesos anuales.

En Estados Unidos, que triplica nuestra población, hay 100 senadores y 425 diputados. Aquí hemos llegado a tener, en algunas ocasiones, hasta cinco senadores por estado. Conozco el caso de Puebla que hoy tiene cuatro senadores en la actual Cámara Alta: la fórmula ganadora, dos mujeres por el PRI, el de primera minoría, PAN y el mutante Bartlett por el PT. En algún momento llegamos a tener cinco senadores por Puebla, pues llegaron dos plurinominales.

Tercer recorte, el más inverosímil:

Reducción del gasto en comunicación social en todos los niveles de gobierno. Van cuentas: un municipio como el de Puebla ha gastado en los últimos cuatro trienios un promedio de 140 millones de pesos anuales en propaganda no útil para mejorar la vida de la comunidad. Dicho gasto ha sido utilizado sin misericordia para machacarnos día y noche que los funcionarios hicieron el favor de hacer su trabajo, como destapar 100 coladeras o tapar los baches, arrancar campañas de reforestación o de desayunos calientes, todo acompañados de sus dignísimas esposas de las que también nos machacan el nombre . Multipliquemos ese gasto por cientos de municipios con capacidad para gestionar recursos propagandísticos, sumémosle lo que gastan los gobernadores para promocionarse local y nacionalmente, porque ahora todos se creen presidenciables. Súmele, si usted tuvo la capacidad de rastrear los datos en las páginas de transparencia municipales y estatales, lo que gasta el gobierno federal. No puedo ni imaginar la cifra, pero debe de ser enorme. Es tan absurdo el que se promocionen a sí mismos por hacer algo por lo que se les paga, como el que un mesero, cada vez que le llevara un platillo, le dijera:- mire que bien le serví su sopita, llegó caliente y sin escupitajo del cocinero. En todo caso, se debe usar un recurso moderado o de tiempos oficiales para proporcionar información útil para el mejor funcionamiento de la sociedad, como cuándo entrará en vigor un nuevo reglamento, alertas de emergencias climáticas, el arranque de una campaña de vacunación o avisos oportunos como el que no habrá servicio de agua por razones de mantenimiento.

Imagine esa enorme cifra secreta del mal llamado gasto en comunicación social, destinada a la impartición de justicia y fortalecimiento de ministerios públicos. Imagínese la cifra empleada en limpiar los mares y ríos, en mejorar la planeación urbana y el ordenamiento del territorio, en espacios que acojan a niños maltratados, en lo que usted crea que hace más falta. Si, imagínela nada más, porque esos recortes no llegarán en mucho tiempo.

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