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Domingo , 16.12.2018 / 10:31 Hoy

Vida y Milagros

Las desterradas hijas de Eva

Verónica Mastretta

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La Iglesia católica sigue anclada a su machismo tenaz. Se supone, dentro de sus enseñanzas, que todos somos iguales a los ojos de Dios, aunque dentro de la jerarquía eclesiástica, hay unos más iguales que otros, más bien, que otras. Hombres primero, mujeres detrás, por favorcito. Y si alguien no fue machista fue Jesucristo. En una sociedad como en la que él vivió, en el que a las mujeres infieles se les enterraba hasta los hombros y se les apedreaba hasta morir, hubiera tenido mil motivos para serlo, pero no lo fue. Ante la ocasión de ser un machista, sacó esa sabia frase de- “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra” - y salvó de morir a una mujer que había pecado nada menos que idéntico que un hombre al que no iba a pasarle absolutamente nada por pecar con la víctima. Siempre dispensó un trato amable, cordial e igualitario a las mujeres. Martha y María fueron sus amigas del alma. Y a Martha le decía: ¿Qué haces en la cocina? Vente aquí a platicar, que es donde está lo importante. A la hora de la hora, al pie de la cruz estaban solo dos mujeres: su mamá y María Magdalena, y el más joven de los apóstoles, Juan. De los demás, ni sus luces. ¿Cómo es que la iglesia católica vino a parar en la organización centrada en el poder masculino que fue y aún es? No lo acabo de entender. Al cónclave no entra una mujer ni a servir agua, ni mucho menos tienen un voto para elegir al sucesor del Papa.

Hace 5 años, fui a la misa de difuntos del papá de una amiga. Hace mucho que no estaba en una misa de principio a fin. ¡Qué de ritos! ¡Qué de ideas atrasadas puede decir un sacerdote en un sermón! El que ofició la misa habló sobre San Francisco de la Salle, haciendo énfasis en que sobre todo era muy amable con la gente, en especial con los opositores del poderoso movimiento protestante que se gestaba ya en Ginebra, en donde él era obispo y los calvinistas cuestionaban muchas de las formas contradictorias de la iglesia católica de entonces, como por ejemplo la venta de indulgencias. Era amable con ellos aún cundo dudaban acerca de la virginidad de la virgen María. Mientras eso nos recordaban en el sermón, yo pensaba- ¿Si Dios iba a venir al mundo ¿Por qué tendría que nacer de una manera anti-natural? ¿No todos somos, de acuerdo a la iglesia católica, hijos de Dios? Si Dios se iba a tomar la molestia de mandarse a sí mismo al mundo en la forma de su hijo muy amado, que era él mismo, ¿Para qué elegir casi casi una fertilización in-vitro de parte del Espíritu Santo? Si lo más bello de la creación son las reglas de la naturaleza, en la que nada es ocioso y en la que la forma de engendrar humanos, cuando es con amor, es muy bonita. El señor cura que dio la misa se refirió a una escena en que el supuestamente amable San Francisco de la Salle salió a caminar por el campo y se encontró a un campesino con una vaca muy bien cuidada y le dijo: -¡Qué bien cuidada está tu vaca! ¿Cuánto tiempo le dedicas? y el campesino le dijo: “Dos veces al día la llevo a pastar y la ordeño. Pero además también trabajo mi campo y mis siembras seis horas al día; hago quesos y mermeladas con los frutos de mis árboles.” Y aquí el supuestamente amable y piadoso obispo se arranca a decirle al trabajador campesino- “Si algo de ese tiempo se lo dedicaras a tu espíritu y a atender a Dios nuestro señor otra cosa sería tu alma”.- ¿Qué podía saber el señor obispo del alma de este hombre trabajador? Si le hubiera dedicado más tiempo al “Señor”, andaría de procesión y tendría a la pobre vaca descuidada, sus campos desatendidos

¡Qué sermón más equívoco! Sin embargo, todos en la iglesia asentían piadosamente con la cabeza mientras yo la movía negativamente. ¿Qué no se puede trabajar y honrar a Dios al mismo tiempo? ¿No se puede al trabajar tu campo y estar en profundo contacto con la naturaleza, estar amando a Dios? Seguro el obispo sí tenía tiempo para “dedicarle horas de ocio a su espíritu”, ya que por bueno y atento que fuera, vivía de las limosna, en el palacio episcopal de Ginebra y muy bien atendido por las monjas, que en realidad siempre han tenido dentro de la iglesia la jerarquía de amas de llaves, lo cual le dejaba al obispo ese tiempo libre para andar rindiendo cultos de forma a Dios. Eso pensé del sermón que estaba oyendo. Me impacientó. También, me impacientó que el señor que ayudaba al sacerdote a oficiar era un seglar, ahora llamados “diáconos”. Una mujer también andaba en el altar asistiendo a los dos, al diácono y al padre, pero con mucha menor investidura. A la hora de la comunión, el diácono y el padre atendieron a los comulgantes, todos los cuales se fueron con su hostia en la boca, pero por ser jueves, el padre anunció que daría la bendición con el Santísimo expuesto. Se fueron de nuevo al sagrario, en donde acababan de guardar las hostias sobrantes y al cual le habían puesto encima una cobertura blanca de encaje. Lo volvieron a abrir con gran ceremonia para sacar una hostia de tamaño mayor, la colocaron dentro de una custodia de oro y plata…y entonces la asistente del asistente, salió de atrás con una chalina dorada de aparente seda, que le dio al diácono y el diácono al padre.

Terminada la bendición, el diácono acompañó al padre a guardar la hostia, cerrar el sagrario y a correr el telón primorosamente bordado. Manos de mujeres para bordar siempre han sobrado, y ya desde la edad media decidieron meterle al altar toda clase de aditamentos hechos por las dóciles mujeres dedicadas al servicio de Dios.

Como última ocupación, a la señora asistente del diácono le tocó doblar y guardar la chalina, cosa que hizo con gestos devotos y lentos. Decía Krisnamurti que las ceremonias visibles son para espíritus poco desarrollados y que necesitan ritos para conectarse con la espiritualidad. Ahora ¿Qué impide el desarrollo de un espíritu? ¡Los ritos! La gente se queda con el rito y con lo que otros les dicen en lugar de ejercitar su mente en la búsqueda de la espiritualidad, y en su caso, en la búsqueda de la nada o el todo.

Cinco años después, a la iglesia católica la dirige un Papa jesuita. ¿Tendrá demasiados problemas como para meterse con esas “minucias” de darles un lugar igual a las mujeres en el orden de la iglesia? Forma, dicen en México, es fondo, y las formas siguen igual. Para mi fortuna soy panteísta y encuentro algo superior en observar las nubes, las olas del mar, una tormenta eléctrica o un conejo escapando de un perro. Para hombres y mujeres la naturaleza es la misma y se muestra igual. Afortunadamente, por lo menos hasta hoy, sin las hijas de Eva, los Adanes dejarían de existir.

v_mastretta@yahoo.com


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