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Vida y Milagros

El inesperado final de un ajedrecista implacable

Verónica Mastretta

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La mente de un jugador de grandes ligas de ajedrez siempre va muchas jugadas adelante de lo que estamos viendo en el tablero. Ver actuar políticamente a Rafael Moreno Valle durante la última década fue algo similar. Nada en sus decisiones era casual o espontáneo. Fue enfrentando y venciendo a un rival tras otro e incluso de aparentes derrotas terminaba obteniendo un nivel más alto en el juego. Cada peón, cada alfil, cada pieza, era movida o sacrificada de una manera premeditada y quirúrgica sin que le temblara la mano. Ni la más grande amistad ni cercanía fue privilegiada si se volvía un obstáculo. En el ajedrez no hay lugar para la casualidad. Gana el mejor. Solo la suerte favorece a veces cuando evita que un jugador enfrente a un rival que de momento es invencible. Perder la candidatura panista de 2018 de alguna manera se volvió un triunfo para él, porque le salvó de una derrota inevitable. Ningún candidato opositor hubiera podido superar al maestro invencible que fue Andrés Manuel.

Pero un buen jugador de ajedrez sabe esperar al adversario, porque ha aprendido en el camino que habrá coyunturas que le pueden permitir modificar la partida. Y esos eran los planes de Rafael Moreno Valle. En su tablero movió las fichas y se enrocó estratégicamente en el Senado, buscando convertirse en el líder de la oposición. Su proyecto tenía una fisura terrible: un ego inmenso que a mi parecer le impedía imprimir a su diseño político un sentido social de fondo, y por lo tanto actuaba bajo la premisa de que el fin justifica los medios. Esa misma fisura, el punto ciego que casi todo hombre de poder tiene, le impidió mirar la posibilidad de morir antes de tiempo. El proyecto de Moreno Valle giraba en torno a él, y por lo mismo impedía que cualquier otra figura destacara por encima de su persona. El clavo que sobresalía solía recibir un martillazo, así que lo que deja a su paso es una ausencia feroz de cuadros destacados. Para sucederle después del corto periodo de Gali, solo pudo confiar en su esposa Martha Erika. Los dos murieron juntos.

¿Hasta dónde puede llegar un ser humano en su búsqueda y qué es lo que pasa por sus cabezas en medio de esa lucha frenética? Los niños y los adolescentes tienen poca conciencia de la mortalidad y ven a la muerte como algo que les sucederá sólo a otros. Los seres que buscan el poder como finalidad última, sin explicar bien a bien para qué lo quieren, deben seguramente tener rasgos de infantilismo psicológico en sus personalidades. La certeza de la muerte no es una variable que les guste tomar en cuenta. Los grandes líderes sí piensan en la posibilidad de la muerte y la toman en cuenta constantemente. Se preocupan más por dejar un legado que por fortalecer el culto a sus personas. Martin Luther King es un claro ejemplo de ello. Murió antes de cumplir 39 años pero su legado lo ha sobrevivido.

Es casi inevitable que la muerte de una figura de poder que ha ocupado un enorme espacio político y mediático nos impacte de una u otra manera. Cuando finalmente tenemos la llave del éxito- decía Marshall McLuhan,-viene la vida y nos cambia la cerradura. Nada más cierto en este caso.

En el inesperado diciembre de 2018 todo sucedió de manera vertiginosa; los acontecimientos políticos que tuvieron en suspenso la definición de la gubernatura durante 5 meses se sumaron uno tras otro, en medio del desorden y los festejos que suele traer consigo el último mes del año,.

La vida puede tomar rumbos jamás imaginados, no es controlable y olvidamos que puede cambiar en un instante. Y entonces hay que pensar: ¿Quién es mejor que quién? Fray Juan de la Cruz escribió que en el atardecer de la vida se nos juzgará en el amor.

Nadie está exento de nada y hay momentos en que de nada sirven el dinero, el poder, la fama, los títulos, el éxito, el reconocimiento. Momentos en que queda claro que todos somos iguales. ¿Para qué el orgullo, el reclamo, la arrogancia, las broncas continuas? No vale la pena defender a ultranza que tu versión de la vida es la única correcta.

Todo lo que tenemos es el día a día, para que lo vivamos con pasión y lo disfrutemos al máximo sin arruinarlo con las pequeñas estupideces que tienen solución y sin olvidar aplicarnos en las tareas que requieren de paciencia y tenacidad para terminarlas.

Hay que intentar que en cada día hayamos sido la mejor versión de nosotros mismos y no la peor.

Necesitamos dejar de crear problemas, de reclamar cosas insignificantes y evitar todo aquello que literal, “nos quite la vida” y nos merme el disfrute del tiempo contado con el que llegamos a este mundo.

“Como en el juego de ajedrez, al final el rey y el peón se guardan en la misma caja.” “Nacemos sin traer nada, morimos sin llevarnos nada. La sábana en la que nos envolverán no tiene bolsillos” Lo triste es que en el intervalo entre la vida y la muerte peleamos de más por lo que no trajimos, por lo que no nos llevaremos, por un equipaje prestado que no nos pertenece. Lo que si podemos dejar es una huella hermosa o la mejor posible en aquellos que nos tratan por elección, casualidad, obligación o trabajo, tratando de entender al otro, poniéndonos en sus zapatos con humildad, porque sin ella no hay grandeza de espíritu. Quizás así pueda ser más fácil y más duradera la felicidad.

Ojalá en Puebla seamos capaces de construir una mejor manera de convivir como comunidad en este 2019. Somos uno de los estados con mayor desigualdad en el país. Reducir ese abismo entre unos y otros debiera ser nuestra ocupación central. Depende de todos y cada uno de los que habitamos en este queridísimo lugar. Elevar el nivel de la discusión pública y reducir el nivel de las ambiciones personales no es solo un deseo, sino una necesidad imperiosa para mejorar la vida pública.El cineasta Stanley Kubrick colocó el siguiente epílogo en su película Barry Lyndon:

“Todos los personajes de esta historia sucedida en el siglo XVIII, tanto los guapos como los feos, ricos, pobres, tontos, listos, agraciados y desafortunados, poderosos o miserables, son ahora todos iguales, solo un puñado de cenizas”.

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