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Jueves , 19.07.2018 / 05:38 Hoy

Vida y Milagros

Ante el deseo claro de matar al TLC, el tiempo de conciliar pasó: el punto de vista de Ernesto Zedillo

Verónica Mastretta

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Se dice que no hay mal que por bien no venga o que detrás de un mal suele haber un bien oculto. El vociferante Trump nos está obligando a mirar hacia dentro de nuestro país y de nosotros mismos de una manera vertiginosa. Como nación, hace ya rato que estamos metidos en múltiples situaciones límite a las que hemos reaccionado con lentitud y torpeza, acostumbrándonos a ellas sin aceptar que nuestra zona de confort se fue reduciendo día a día en los últimos años. Nuestra incipiente democracia se deterioró antes de madurar y derivó en una partidocracia mantenida y poco eficaz a la que no hemos sabido acotar ni exigir posturas responsables y audaces ante nuestros nuevos desafíos. Han estado más entretenidos en sus discordias y grillas internas que en mirar realmente qué es lo que hay que hacer de manera urgente. Un ejemplo es la necesidad de modificar la estrategia hacia la guerra contra el narcotráfico y la despenalización de ciertas drogas que producimos de manera ilegal y que en otros países están ya muy bien reguladas. Y así, guiados por los gustos de Estados Unidos y nuestra propia incapacidad de generar soluciones, hemos estado sumidos en una guerra a la que entramos sin saber y que nunca imaginamos que sería tan cruel y costosa.

Respecto a la relación con Estados Unidos la dimos por dada, estable y benéfica; no vimos venir las consecuencias de los cambios que desde antes de Trump ya nos estaban afectando, con parte de un muro ya construido y millones de deportados en los últimos años. Hoy, las formas agresivas de hacer política de Trump nos han colocado frente a la cruda realidad de manera brusca.

Con respecto a nuestro país, nos sentimos rebasados por una ola creciente de violencia, una documentada corrupción acompañada de impunidad, desigualdad y desaliento provocado por la impotencia.

Por otro lado, tenemos muchas fortalezas y oportunidades que no vemos por estar centrados en nuestro fracasos, mismos que los medios nos recuerdan cada día en sus ocho columnas, donde casi nunca hay lugar para buenas noticias. Y ahora estamos asustados. Andamos perdidos. En la turbulenta semana pasada pude escuchar las posturas de los dos ex presidentes panistas con respecto al giro político que Trump le está dando a nuestra relación común y al papel que ha jugado el gobierno de México. Sus posturas fueron de apoyo y no de denostación; Fox echa sus bravatas conocidas y folclóricas, aunque poco útiles. Calderón ofreció propuestas muy claras y puntuales, "retaliation" donde sea posible, para contrarrestar varias de las medidas del gobierno de Trump. Ernesto Zedillo trabaja en Estados Unidos en la Universidad de Yale y pensé que a lo mejor estaba cuidando su zalea. Sin embargo, este viernes leí un artículo suyo publicado en el "Wall Street Journal" donde compartió un punto de vista esperanzador y bien sustentado. Traduzco y cito los párrafos centrales:

"El gobierno mexicano ha sido cortés con Donald Trump, primero como candidato y también hoy que ya es presidente. El presidente Peña ha pagado un alto costo político por su actitud de apertura y por su intento de trabajar constructivamente. Peña ha hecho bien en anteponer el interés de México tratando de conservar una relación basada en mutuos beneficios para ambos, y lo ha hecho aún a costa de su popularidad personal. Sin embargo, ha llegado el momento de admitir que las acciones del nuevo gobierno de Trump han cerrado, por lo menos en el futuro inmediato, las posibilidades de acuerdos en temas claves por medio del diálogo y las negociaciones que pudieran haber beneficiado a ambos. Ese tiempo pasó. Es triste tener que aceptar que tratar de adaptarnos a la caprichosa conducta de Trump es inútil para ambos países y no debe continuarse en esa línea. La agenda de Trump, desde la campaña, siempre tuvo una muy pequeña ventana de oportunidad para la negociación, considerando que sus demandas han desafiado constantemente la racionalidad legal y económica (...) Su concepto de que el TLC beneficia más a México con la transferencia de empleos y una balanza económica a favor de nuestro país es errónea (...) igualmente erróneo de parte de Trump es no tomar en cuenta la forma en que los sistemas modernos de comunicación, transporte y tecnología han modificado el intercambio comercial en el mundo. Este progreso ha creado sofisticadas cadenas de abastecimiento para entregar bienes y servicios a precios mucho menores que antes (....) las empresas de los Estados Unidos han sido de las más beneficiadas con esta nueva organización mundial del comercio. Muchas firmas americanas hoy pueden competir con Europa y Asia y pueden proveer bienes de gran calidad a la vez que conservan empleos bien pagados en su país, precisamente porque pueden generar alianzas a lo largo de sus cadenas productivas en lugares como México, y eso ha sido gracias al TLC".

"Debió ser evidente desde el principio que sería casi imposible acomodar el objetivo de Trump de ajustar las cuentas con México simplemente cancelando o trastocando el TLC. Si el presidente Trump sigue obsesionado con ese objetivo, México debe tomar eso como un deseo claro de matar el TLC, para lo cual Trump si está habilitado legalmente(...) sería un desperdicio de tiempo para el gobierno mexicano entrar en ese juego torcido con la actual administración republicana. Solo si el gobierno de los Estados Unidos pone sobre la mesa una agenda seria, clara y consistente de modificaciones al TLC que beneficien a ambos países, solo entonces, México debe regresar a la mesa de diálogo. A estas alturas ese escenario parece casi imposible y lo prudente sería asumir que el presidente Trump matará al TLC. Esto será costoso para las dos economías, y por lo menos al principio, lo será mucho más para México".

"Ese escenario no debe de ser motivo de desesperación en mi país. El TLC ha sido un magnífico instrumento, pero es solo una de las muchas herramientas disponibles para alcanzar las metas de un crecimiento económico y un desarrollo equilibrado. A diferencia de nuestro vecino del norte que hoy se cierra, México debe reforzar su compromiso de abrirse a otras economías como lo ha venido haciendo (…) México puede crear nuevas condiciones que conserven y fortalezcan nuestro papel de un país adecuado para establecer cadenas productivas y formar parte de compañías mundiales que produzcan para nuestro mercado y para el mercado mundial, incluido el de Estados Unidos".

"El final del TLC, por costoso y amenazante que nos parezca en el corto plazo, puede ser compensado por un conjunto de políticas públicas acertadas. Incluso si el presidente Trump, más allá de aniquilar el TLC pretende imponer aranceles adicionales a nuestros productos, nuestro país debe estar listo para usar todos los instrumentos legales posibles, particularmente los que otorga la Organización Mundial de Comercio, para contestar a cualquier decisión ilegal o arbitraria de parte de la administración Trump. El presidente Trump podría amenazar con desconocer a ese árbitro central del comercio internacional, pero en ese punto, el tema de México se volvería un tema y un problema mundial que tendría que ser enfrentado por toda la comunidad internacional".

"En cuanto al muro, es poco lo que el gobierno mexicano puede hacer para evitar esa acción errónea de política migratoria (....) está probado que si tomamos en cuenta la economía, es mejor hacer buenas leyes que muros perniciosos. Es igualmente inútil repetir e insistir con Trump en esto, pues el muro parece ser otra de sus obsesiones contra México y no es nuestro asunto si Estados Unidos quiere aumentar su deuda construyendo un elefante blanco en su propio territorio. Lo que rechazamos bajo cualquier circunstancia es el que se use un solo centímetro de nuestro territorio para construir algo tan abominable. Y todos los mexicanos estamos junto al presidente Peña cuando dice que no pagaremos un centavo por ese proyecto de muro ofensivo e inútil".

El mensaje de Zedillo me gusta porque habla de acciones, no de letargo. En la práctica del judo hay un principio que se basa en usar la fuerza del otro para rendirlo. Ceder para vencer. En este caso es movernos para que el otro se vaya de boca contra el mundo. Y sí, será de boca, porque no le para. Que se ahorque con el mecate de tus tuits.

* Ernesto Zedillo es doctor en Economía y tiene 65 años. Fue presidente de México de 1994 a 2000. Actualmente es director del Centro para el estudio de la Globalización en la Universidad de Yale y participa en la ONU en programas de financiamiento para países en desarrollo.

*México es el primer destino de inversiones en la industria aeroespacial. Los mejores soldadores del mundo viven y trabajan en Atlixco, en Puebla.

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