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Lunes , 25.06.2018 / 04:01 Hoy

Voces Ibero

En el Olimpo

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Dice Fernando Savater que la deliberación ética se nos impone por nuestra condición de simples mortales; los seres humanos somos una especie vulnerable, nos rompemos y morimos, de ahí que no podemos hacer lo que se nos antoje con los demás, debemos tener cuidado con el otro. En la mitología griega los dioses, por su calidad de inmortales, estaban fuera de la moralidad, podían comportarse los unos con los otros como quisieran; si morían, resucitaban. En realidad ellos no se mataban, sólo fingían hacerlo. Por eso sus historias nos parecen escandalosas, pues su inmortalidad los dejaba fuera de los juicios morales. Me parece que nuestros políticos se asemejan a aquellos dioses: hagan lo que hagan no les pasa nada, tienen un pacto entre ellos y juegan a matarse pero saben que resucitarán en algún lado; tal vez en Dublín, en una estancia académica en Harvard, en España estudiando un posgrado o tal vez en alguna embajada o senaduría.Por otro lado, durante siglos los mortales hemos optado por atribuir a voluntades divinas desgracias tales como las sequías, terremotos o inundaciones ante nuestra debilidad para enfrentar esas fuerzas desconocidas de las naturaleza. En cierta forma los dioses han representado un alivio para nuestra angustia ante lo desconocido y una explicación de lo que ocurría en el universo.En la actualidad parecería que esa tendencia la hemos trasladado al ámbito político; los mexicanos concedemos a nuestros gobernantes un poder sobrehumano; divinizarlos alivia nuestras angustias, nos quita la carga de asumir la responsabilidad de lo que vamos a hacer con nuestro país; estas divinidades nos permiten encontrar explicaciones a las fuerzas oscuras que nos amenazan, como la crisis económica, el desempleo, la violencia, la inseguridad, la impunidad y de cierta forma a creer que la solución a todo ello tendrá que venir del oráculo cada cambio de poderes.Tal vez la solución sea humanizar a nuestros dioses, hacerlos conscientes de su fragilidad al cuestionarlos, sacarlos del Olimpo e imponerles esa reflexión ética —a la que se refiere Savater— de la que nuestra pasividad los ha liberado.


socorro.hernandez@iberotorreon.edu.mx

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