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Miércoles , 20.06.2018 / 05:04 Hoy

Taller sie7e

Que no me invada la tristeza

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A Eduardo José Cantú Elías: guerrero por la paz

Pareciera que la vida es un caminar sobre la cuerda de lo impredecible,entre dos edificios llamados “Hoy” y “Mañana”.Cada edificio es tan alto como los miedos, tan alto como los sueñosdel equilibrista. El abismo es el sinsentido de los días, tan profundo como la tristeza que habite en el corazón del caminante.

De toda ausencia duelen las preguntas no hechas, los abrazos pendientes, la risa y la charla, la nostalgia de la amorosa y frustrante aventurade crecer en unión, las fuertes contiendas a veces en pro del orden y otras veces contra él.

Despierto y en mi cerebro pronuncio: que no me invada la tristeza, que no me invada la tristeza. Vuelco el alma hacia los rostros de la vida, en su maravilla pretendo hacer una réplica de cada ser viviente, y alucino las calles del puerto llenas de estatuas de sus habitantes, guerreros en posición de combate: niños, mujeres, hombres, animales, árboles y lagunas en esculturas de barro, idénticas a su vivo original, reservorios de ideas de dios y de sí mismos. Esculpo en barro la casa materna, mi propia casa, las fábricas, los templos, las escuelas. La música, los trinos, los versos, las formas de mirar. Sacó del océano los peces, las sirenas y los leviatanes, alebrijes de barro, en el aire los cuelgo de las nubes de barro, tintinean al paso del viento de barro.

Ahora entiendo las miles de estatuas de los Guerreros de Terracota, entiendo el gran valor de su valentía para su emperador, quien al enterrarlos en su tumba pareciera decirles: No puedo llevarte en mi muerte de otra forma que no sea en mi aprecio de ti, por ti. Mi madre, sabiéndose ya en sus momentosfinales, me contemplaba serenamente, como quien observa a una gaviota perderse en el horizonte de un mar, con una sensación de presencia y distancia. Estábamos ante la muerte astral en la que ambas viajaríamos hacia un nuevo descubrimiento. Ella me veía en libertad de vuelo, yo la veía memorizando nuestro amor, esculpiéndolo en cada detalle para llevarlo consigo.

No más loas a los muertos,sí más aprecio a los vivos, a lo vivo.La muerte esllegar al último “hoy”, el último edificio visible para el tiempo terrenal, y el primero en la ruta elíptica del DNA del Universo, en ese camino hacia un “Mañana” desconocido, indescriptible, el mañana por descubrir. Creo que debe ser un momento feliz, he encontrado en el descubrimiento la mejor noción de felicidad. Además, se puede, se debe, en este inter vital, construir el propio ejército de Terracota, los aprecios valiosos, que nos acompañarán en ese viaje.

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