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Lunes , 16.07.2018 / 09:25 Hoy

Taller sie7e

Mery Marón: una amiga entrañable

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La forma de ser libre es dejar de lado la necesidad de algo o alguien completamente necesario. Y ello es posible cuando ese algo o alguien es fuerte e independiente; entonces no cabe en la relación la tristeza de la distancia sino la alegría de la presencia, ni cabe la misericordia sino el amor. Así fue Mery Marón (a la que no sé cómo extrañar). El haber sido tan necesaria, como fuerte e independiente, la hizo libre y me hizo libre a mí. Con su amistad me sentí querida, apreciada, feliz, con la vitalidad de su desmadroso vocabulario y su enorme capacidad de disfrutar. Poseía esa visión directa del valor de vivir, quizá por ser hija de inmigrantes.

Con ella comí jocoque preparado con su toque personal, y comida libanesa de receta materna. Escuché vocablos en su lengua ancestral aptos y no aptos para menores. Reí, reí, reí. Lloré. Nos abrazamos muchas veces, nos emborrachamos de forma memorable; le “robaba” sus pequeños tesoros y me lanzaba sus singulares sentencias.

Igual me consideraba “la más chingona”, o era merecedora de un “cómo chingas”, o un “no sabes nada, pinche Martha”. Me encantaba verla desvariar cuando le ensuciaba el piso con cascarillas de cacahuate en la cuba de los martes: ritual que celebrábamos en la mágica intimidad de la cocina de su casa. Su recuerdo llena mi memoria con un viaje de nieve y casinos, una inolvidable fiesta de cumpleaños, una boda en familia, una carne asada armada de pronto, un amanecer cantando Paloma Negra, la bendición de una casa con agua bendita y tequila, una excursión a la montaña, un juego de cartas con algunas trampas, una larga charla entre amigas. Todo esto repetido muchísimos años por Alma, Perla, Rosy y yo, junto a ella. Nuestro grupo de whatsapp se llama “prima qué pedo”. No podía ser de otra forma.

Puede no parecer propio que haga público algo tan ordinario en esta columna, pero tampoco es propio no reconocer la cotidiana felicidad vivida, o no convidar del gozo de una amiga entrañable, ni es propio ser propio cuando de seres libres, como Mery, se trata.

Me había propuesto no hacer más loas a los muertos, y lo he cumplido, ya que ella sigue viva en mí. Desde aquí, celebramos su amistad, y abrazamos a sus amorosas hermanas, sobrinas y nuera, y a su muy amado hijo Elías Marón Nader.

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