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Martes , 19.06.2018 / 07:02 Hoy

Taller sie7e

La panorámica de Tampico

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Desde el avión en que llegaba a Tampico, mi amiga pudo ver el panorama que se le ofrecía, y sorprendida, exclamó: “¡la gran Tenochtitlán!” No es menor el parecido que tiene nuestra bella ciudad con la antigua capital azteca, rodeada por un estuario de dos ríos y más de no-sé-cuántas-lagunas, amén del mar con el que nos codeamos.

Bello, sí, bello es el paisaje que nos circunda, pero visible únicamente desde el aire. Cuando transita por la avenida Hidalgo un turista, ¿sospecha acaso que a tan sólo dos cuadras hacia el poniente, hay un hermoso barranco que limita a la bellísima laguna del Chairel? Bueno, sí les es dable verlo a los ricos. Si usted posee una mansión en la Avenida Chairel, es socio del exclusivo Club Campestre o va de visita al cementerio municipal, tal vez pueda apreciar el panorama más bello (a mi sentir) de la región. No hay un solo mirador público que permita su vista. Hasta hace algunos años, transitando por detrás del panteón, se podía apreciarlo, pero las nuevas construcciones sólo dejan un trocito de su belleza. Nunca se ha pensado en pavimentar y arreglar un mirador público en ese sitio.

En los albores del siglo XX, cuando aún Tampico gozaba del auge, y los dos ríos, el Pánuco y el Tamesí aún se hallaban separados frente al muelle fiscal, el hotel Ribera ofrecía una hermosa panorámica de los ríos y sus embarcaciones. Hoy eso ya no existe.

Los viajeros del Tampico incipiente de mediados del siglo XIX, nos dejaron una descripción de la ciudad. Hablan de las cabañas indígenas hechas de varitas y cañas, parecidas a jaulas, pero muy adecuadas al calor reinante. Los norteamericanos construían con madera sus residencias, los ingleses y alemanes con ladrillo o cantera, y así cada quien al estilo de su país. Los mejores constructores resultaban ser los españoles, ya que hacían sus casas al estilo moruno, esto es, con techo de dos aguas, arrimadas a la calle, y con un corredor en la parte trasera que daba al patio. Solamente un zaguán y si acaso alguna ventana se notaban desde fuera, pero eran frescas en su interior.

La llegada de los extranjeros cuando el auge del petróleo modificó la arquitectura. Se nivelaron nuevas colonias residenciales hacia el norte, y las casas se construyeron en medio de jardines con “pasto inglés”. Fue una bella época, sin duda.

Hoy, ¿qué se dirá de nuestra arquitectura? No podría decir de qué estilo o de qué país está influenciada. No se puede ver más que bardas, vallados y más bardas. No sé a qué sitio compararla, pues está irreconocible detrás de los letreros de “se renta o se vende”. Todo es variable y pasajero, y Tampico merece más que la triste realidad que hoy vive. Mayores penas hemos sufrido a manos de los piratas, los franceses, los norteamericanos y los revolucionarios y hemos vuelto a renacer como el Ave Fénix. Que pronto así sea, lo esperamos.

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