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Sábado , 23.06.2018 / 21:35 Hoy

Taller sie7e

El puerto que somos

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También los poetas hacen historia en nuestra patria. Sobre todo, en nuestra patria chica, Tampico, que ha albergado y alberga aún, a numerosos poetas ilustres. En mi adolescencia, me emocionaba al leer los versos que le dedicó a mi tierra el Lic. Nemesio García Naranjo, titulado “Salve, Tampico, Salve”. Recuerdo uno que decía: “por tu Chairel de plata, que en tardes otoñales es una inmensa lira que canta madrigales”, que me hacía suspirar por mi tierra cuando estudiaba en Monterrey o en la ciudad de México.

El cantautor, el famoso “Cherieto”, Gustavo de la Colina, también le dedicó su lira al puerto con preciosas y poéticas canciones donde exaltaba nuestras bellezas naturales y la hermosura de sus mujeres. Es una lástima que no sean hoy conocidos esos homenajes tan sentidos.

Hace unos días, el Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, presentó seis libros titulados “Seis Poetas en el Metro” de su colección “Árbol de Luz” que recogió poemas de Isaura Martínez de Calderón, Gloria Riestra de Wolf, Gloria Gómez, Arturo Castillo de Alva y Juan Jesús Aguilar (tampiqueños todos), y de Baudelio Camarillo, originario de Xicoténcatl, Tamaulipas. Bellísima colección que no debe faltar en los hogares de este puerto.

La Dra. Ana Elena Díaz Alejo presentó el viernes al poeta Benito Gámez en su programa “Tomiyauh” en el Metro. Leyeron con gran maestría sus poemas Ana Luisa Verduzco, More Castillo, Gilberto Castañeda y Guillermo Guzmán. Escuchamos los poemas, llenos de amor y nostalgia, y al mismo tiempo, de la tristeza que siente el poeta al regresar a la otrora bella y floreciente ciudad, hoy en estado desastroso, con su centro histórico casi rebajado a la categoría de pueblo, con ramas y árboles brotando de ruinosas paredes, que conoció otros tiempos de grandeza.

En su poema “Al Puerto”, dice: “Regalarle un olor / el color de una mañana / una lúcida melancolía. / Regalarle una pared en ruinas y tras ella / el jardín salvaje, el estallido / de cuervos en el aire. / Regalarle su propio rostro al Puerto. / Enseñarle a encontrar gloria en sus miserias. / Regalarle su mismo viejo centro / de arquitectura basta y carcomida. / Regalarle el buen regalo de nosotros mismos, / porteños, herederos indignos del Huapango / y del furor que surge del misterio / -vestigios que sonríen desde las telarañas- rincones de Tampico Alto / donde las piedras siguen murmurando. / Regalarle los ojos que nos corresponden. / Ver en el Puerto algo más que viento. / Qué afanes por el tiempo que se escapa y no atesora / otra cosa que muertes merecidas. / Tener los ojos que ven el alma, / el latido que asciende de lo hondo / y que ahora dormita indiferente / en los descascarados edificios / y en el prestigio vano de tiendas incontables / Ver finalmente el Puerto que no vemos. / El Puerto que somos sin saberlo.”

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