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Viernes , 19.10.2018 / 11:35 Hoy

Taller sie7e

Derechos y cultura indígena

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Aun cuando en Tamaulipas no tenemos en la actualidad una población indígena pura, participamos del estatus particular de la República Mexicana, que cuenta con 36 etnias nativas bien reconocidas, cuya integración a la cultura nacional ha sido una tarea compleja.

El añejo problema se remonta a quinientos años atrás con la llegada del europeo a nuestras tierras, cuando no había “blancos” ni “indios”, y cada grupo pertenecía a una cultura bien definida y hasta adelantada, como los mayas, aztecas, purépechas o huastecos. La imposición de una nueva cultura, idioma, religión, etc., donde unos fueron los vencedores y otros los vencidos, motivó la separación en castas, donde se vio sometido el nativo, convertido en “indio”, separándolo del blanco y posteriormente del mestizo, colocándose en el último sitio de la escala social.

Después de la independencia nacional, el mexicano trató de enorgullecerse de una cultura propia, ensalzando a nuestros ancestros aztecas, ignorando a las demás etnias. Así se logró idealizar al indio muerto, pero despreciando al vivo. Y a partir de la revolución mexicana de 1910, el indígena fue tema de los intelectuales y de los postulados sociales del movimiento armado para destruir las antiguas estructuras, haciendo pensar que el movimiento se había realizado para satisfacer las carencias de los indios. Ese movimiento indigenista abarcó aspectos de la literatura, el arte, la arqueología y las ciencias sociales.

Pero escuchemos la opinión del indígena respecto a su reivindicación en la vida nacional. El indio no se siente mexicano, se sigue denominando a sí mismo maya, nahoa, purépecha, ñahñú, teének, rarámuri, etc. Trata de conservar su cultura e idioma hasta las últimas instancias. Rechaza las escuelas bilingües de maestros mestizos, y pugna porque se les enseñe en su propio idioma por maestros indígenas. Desea conocer su pasado histórico y leerlo en su propia lengua. Vive en armonía con la naturaleza sin destruirla, y pelea las tierras robadas que constituían su patrimonio. Su resentimiento hacia el blanco o el mestizo son proverbiales.

El papel del indígena en la sociedad urbana es casi siempre el de sirviente o de empleado de segunda. Y lo peor del caso es que la pobreza lo está obligando a emigrar a los Estados Unidos del norte, pasando de su idioma vernácula a la del inglés, sin llegar a completar su conocimiento del español.

No es posible tomar una actitud paternalista, que los humilla, ofreciéndoles migajas de nuestros avances, subsidiándolos y apapachándolos para lograr votos de acarreados. Vivimos en un país plural, compuesto de minorías étnicas a las que se debe respetar su cultura, pero que deben formar parte de nuestro mosaico nacional. Todos somos mestizos, y todos somos mexicanos: no es posible dividir el país en etnias. Todos participamos con igualdad de los derechos y deberes

Se debe afianzar al indígena en su propia cultura con la alternativa de la cultura occidental que detentamos, orgullosos de su estirpe de indígenas y de ser a la vez, mexicanos. Debemos conocer y publicar su historia particular, sus leyendas, creencias y cultura, para entenderlos mejor y con ello, enriquecer más a nuestro país.

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