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Martes , 16.10.2018 / 14:21 Hoy

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Una luz al fin del túnel del neoliberalismo

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Es evidente que las necesidades de un continente que es a la vez un mosaico y crisol cultural con 500 millones de habitantes son muchas. La mayor parte de estos gozan de un alto nivel de vida pero sus grandes desniveles entre países los han obligado a implementar un abanico de oficinas y acciones toda vez que la simple "iniciativa privada" ha demostrado ser incapaz de lograrlo.

Y esto, a pesar de que Europa cuenta con una gran capacidad creativa y un sinnúmero de empresas capaces que son punta de lanza en la innovación en muchos ámbitos. La UE cuenta con cinco fondos para subvencionar proyectos que tienen un carácter permanente, es decir, son estructurales y buscan justamente mejorar y nivelar la ya de por sí notable calidad de vida del continente. Son: 1.- El Fondo Social Europeo 2.- el Fondo de Cohesión; 3.- el Fondo Europeo de Desarrollo Regional; 4.- el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural, y 5.- el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca. Es evidente que los distintos fondos son coadyuvantes y que, además de atender las necesidades ciudadanas, sirven para diluir tensiones y permiten la gobernabilidad toda vez que disminuyen las consabidas desigualdades inherentes a las migraciones internas motivadas por la falta de oportunidades. Esas subvenciones se consiguen por convocatoria pública de programas específicos y bajo criterios precisos entre los que también se busca la acción ciudadana, toda vez que no son financiados al 100 por ciento. Evidentemente, estas subvenciones no tienen carácter retroactivo y sólo se otorgan a proyectos sin fines de lucro. Existen otras posibilidades de financiamiento indirecto gestionado conjuntamente con autoridades nacionales y regionales. Todo este cuadro de acción gubernamental que busca el desarrollo equilibrado de las tan dispares como distintas regiones, a pesar de su millonario contenido, son insuficientes para las enormes necesidades. Si bien representan apenas un paliativo, tienen una gran significación ya que se trata de políticas permanentes con un criterio continental y futurista además de humanista. En síntesis, son algo que se puede considerar como una verdadera política de desarrollo, es decir, aquella que propicia el ejercicio de las potencialidades y de la capacidad creativa de los ciudadanos participantes a mediano y largo plazos. Estos fondos han sido aprovechados para numerosos proyectos de desarrollo generados desde asociaciones vecinales, diferentes niveles de gobierno y las mejores universidades del continente. Todo esto lleva a pensar legítimamente que con este tipo de fondos las posiciones egoístas del neoliberalismo y del crony capitalismo, con sus falaces argumentos, inhumanas y anticientíficas prácticas, siempre encontrarán la debida respuesta.

MARIANO TORRES

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