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Lunes , 15.10.2018 / 19:31 Hoy

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Una fórmula para elaborar textos académicos

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Las demandas globales de la sociedad actual requieren de una excelente preparación escolar por parte de los estudiantes de nivel superior. Por dicho motivo, el proceso cognitivo relacionado con la escritura académica juega un papel fundamental en la vida del universitario al propiciar el desarrollo de diversos contenidos temáticos cuyas bases están fundamentadas en la concepción enseñanza-aprendizaje.

Sin embargo, lejos de cumplir con las expectativas esperadas, la redacción es un arma de dos filos: se aprende a utilizar a favor del alumno o, de manera automática, ella se vuelve en su contra. Por esta razón, es necesario tomar en cuenta ciertos criterios formales antes de escribir. La escritura académica implica un plano de operaciones mentales consideradas elementos base en la redacción.

Lucy Flower y John Hayes en Textos en contexto. Los procesos de lectura y escritura (1996) afirman que existen tres facetas para iniciar con esta técnica de escritura: Planificar, redactar y revisar. Esta triada de la redacción favorece la elaboración adecuada de textos académicos, evitando problemas vinculados con el plagio, autoplagio y generación de documentos superficiales.

Cada componente es producto del otro y cumple con un proceso ascendente en el cual la eliminación de uno ellos implica un trabajo cuya estructura es decadente. Una problemática común en los textos hechos por los estudiantes consiste en no respetar las tres facetas e inclusive ignorar la importancia de cada una de ellas en la escritura académica.

La situación más usual es omitir la base del texto, esto es, la planificación. Si ésta se omite, el corpus del trabajo final no tendrá la fundamentación requerida y solo cumplirá con el criterio de entrega para calificación (en su mayoría) y no con el vinculado a la calidad.

El primer procedimiento llevado a cabo en la planificación implica un acercamiento con el texto a realizar. Hay objetivos específicos, se construye el destinatario y se selecciona la información pertinente; por lo tanto, es la etapa del conocimiento previo.

En la segunda etapa, denominada redacción, interviene de manera directa el proceso de escritura por el hecho de emplear diversos borradores para darle voz a las ideas propias. Esta faceta es la de la coherencia.

Por último, en la revisión se perfila el producto final al pulir cada fundamento del trabajo para lograr la interpretación global del texto; en esta etapa la cohesión es la encargada de ello. Una vez analizados los componentes de la triada de la redacción, propongo la siguiente fórmula: la suma de la triple C (Conocimiento, Coherencia y Cohesión) multiplicada por las palabras precisas, (entendidas como las opciones más adecuadas para cumplir con el propósito del trabajo) para así obtener como resultado final un texto académico de calidad.

Esto se reduce a: (Conocimiento + Coherencia + Cohesión) (Palabras precisas) = Texto académico de excelencia. Finalmente: la fórmula anterior pretende ilustrar de manera concisa los procesos indispensables para la redacción académica de textos.

Debido a que la producción de documentos resulta ser una tarea ardua, es ineludible la aceptación de técnicas para la mejora de los mismos y para lograr el desarrollo de los procesamientos cognitivos en la educación de los alumnos universitarios.

HUGO ABRAHAM AGUILAR PÉREZ

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