• Regístrate
Estás leyendo: Revueltas, pensador de la totalidad
Comparte esta noticia
Domingo , 23.09.2018 / 21:42 Hoy

Re incidente

Revueltas, pensador de la totalidad

Varios autores

Publicidad
Publicidad

Conocí a Revueltas cuando cursaba la escuela secundaria. Teníamos un círculo de estudios y habíamos descartado que nuestra militancia pudiera inscribirse en el comunismo tradicional, pues éramos testigos de la represión a los disidentes en los países del bloque socialista, y conocíamos a varios expulsados del Partido Comunista de México por plantear cualquier cosa distinta de su autoritaria dirección, o de lo que les indicaba el partido soviético.

Y Revueltas era el referente de la crítica a los países llamados socialistas y del autoritarismo en todas sus manifestaciones.

José era un hombre que tenía especial interés por escuchar a los jóvenes y por comprobar la recepción de sus ideas críticas entre los militantes de las nuevas generaciones.

Formaba yo parte de un afortunado núcleo de nóveles reclutas que tenían amistad y recibían la tutela intelectual de algunos de los más brillantes escritores, poetas y artistas de nuestro país.

En parte porque los intelectuales, en aquellos años, asumían como una de sus responsabilidades la formación de la juventud, y en parte porque en la escuela que tuve la suerte de cursar, compartía pupitre con muchos de sus hijos.

Fui integrante de una generación en la que estaban los hijos o hijas de Edmundo Valadés, Juan José Arreola, Renato Leduc, Eli de Gortari, Román Piña Chan y Enrique Semo.

Pero donde también compartimos las aulas, los fines de semana y la vida estudiantil con Arquéles Vela, Carlos Pellicer, Eduardo Lizalde, Enrique González Rojo, Jaime Labastida, Florencio Sánchez Cámara y Luz María Martínez Montiel.

No era casual pues que en mi generación se formaran discípulos confesos o inconscientes de esa generación de artistas y creadores de cultura. Y en ese contexto, Revueltas era para mí y mi generación el ejemplo más intenso y respetable de todos. Como jóvenes queríamos continuar su tesón y su empeño por darle a México una organización política capaz de conducir los cambios.

Y él tomó nuestro interés como un apostolado personal, escuchándonos y aconsejándonos, y nunca condicionando su interlocución o su apoyo moral. Revueltas nos conminaba a que todo lo que planeáremos o hiciéramos tuviera presente la libertad del ser humano y el respeto por la integridad de las personas. Y con ese perfil asumimos nuestro proyecto de vida.

Se habla mucho de su obra, pero se le conoce poco.

que hoy sus iconos sean locales.

Pero los textos de José cubren prácticamente todos los puntos de la agenda nacional, desde el carácter de la sociedad mexicana, como los procesos de autogestión, que hoy están tan actuales y en proceso de generalizarse a partir de las autodefensas y las policías comunitarias.

Los jóvenes de hoy que se caracterizan por su espíritu crítico y su rechazo de los partidos y la política neoliberal encontrarán en Revueltas a un pensador actual, con ideas y propuestas que siguen pendientes de cumplirse. México, Una Democracia Bárbara parece hoy una anticipación de lo que vive nuestra sociedad.

Y sus textos sobre Mayakovski, o las cartas defendiendo al escritor Heberto Padilla en contra de la dictadura de Fidel Castro, son anticipaciones a los predicamentos que viven todavía los críticos donde no hay democracia.

Si hubiéramos tenido que caracterizar a José, lo hubiéramos puesto entre los discípulos de Copérnico por plantear al hombre como centro de toda acción social o política, o como discípulo de Galileo por atreverse a enfrentar al marxismo esclerotizado.

Pero más aún, José iba a las fuentes del pensamiento. No creía en la versión de los manuales o los libros de divulgación. Leía a los clásicos. Y no solamente a los clásicos del marxismo, sino también a los griegos, y a los disidentes de todas las épocas, poniendo especial atención a los autores que habían luchado dentro de las instituciones y los sistemas tratando de componer el camino.

Revueltas desconfió de nuestro radicalismo juvenil, pues le parecía insuficientemente reflexivo y algo inmaduro, pero no condenó nunca nuestras acciones, y defendió cada determinación que tomamos como un ejercicio de la libertad política. Nos enseñó a no hacer pronósticos sobre los escenarios inmediatos, para que nos esforzáramos en ver los procesos históricos y de largo plazo. No confió nunca en el gobierno aunque tuviera que aceptar trabajos en la administración.

Leía o cotejaba los textos en su lengua original cuando encontraba fallas a las traducciones o no le convenía determinada expresión, y compartía las tareas más modestas al lado de quienes estuvieran peleando.

Fue un amigo incondicional pero también un crítico inmisericorde. Y sobre todo nos enseñó que la consecuencia, el pensar y actuar de manera congruente, así como el defender lo que uno creía sin que se detuviera uno en las consecuencias, era la forma más alta de lealtad.

No aceptó nunca que la economía fuera la última explicación de los fenómenos, pues el hombre, su pensamiento y su extravío cuentan también en los sucesos.

No creyó en las verdades finales o terminantes, porque su espíritu fue abierto. No esperó que los hechos estuvieran decididos y predestinados, porque la libertad no admite dictados. Y no toleró ningún atropello sobre un desvalido, porque su solidaridad estaba antes que nada para proteger a la víctima del poder o de la prepotencia.

Su obra tiene por ello dos lecturas, la que nos permite encontrar siempre conocimientos frescos que reinterpretan la historia nacional, y la que nos confirma la continuidad de una postura inflexible de lealtad, libertad y consecuencia.

Mario Rechy Montiel

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.