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Martes , 18.09.2018 / 17:12 Hoy

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Los bailes sonideros

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La práctica sonidera, es un momento de la nocturnidad que consiste en la presentación musical de una persona especialista en la música cumbia, inseparable de su equipo de sonido, que se encarga de amenizar el ambiente y demostrar sus talentos mediante la intervención de su voz. Mensajes, saludos, frases, un poco de canto y distintas enunciaciones son las que acompañan las canciones seleccionadas y presentadas por él.

Este espacio musical se conforma principalmente por público proveniente de contextos populares que asiste con la finalidad de bailar y convivir al ritmo de cumbia, o en espera de recibir o mandar algún mensaje por medio del artista sonidero. El baile sonidero se observa entonces como un espacio comunicativo, lúdico y relacional.

Bailar, cantar, platicar, ligar, convivir, son algunas de las dinámicas que se posibilitan en estas reuniones colectivas, callejeras o semiprivadas. El baile sonidero es una práctica urbana sonora que reúne a gran cantidad de jóvenes y adultos y como es un espacio de sociabilidad y observación colectivas, se hace fundamental desplegar una serie de formas específicas respecto al baile, el talento o belleza de las parejas en la pista. Son importantes con qué grupo o amistades se está “relajeando”, con qué vestimenta se asiste, cómo se utiliza el cuerpo, o si son nombrados por el sujeto sonidero a través de saludos que pueden mencionar a los asistentes de forma individual o por grupos, colonias o barrios. Estos mensajes son los encargados de dejar en claro que el sonidero implica un estilo en donde la música nunca se escucha sola: el artista sonidero habla constantemente, anima al público, cuenta chistes y saluda a todos aquellos cuyos nombres aparecen escritos en pedazos de hojas de papel, en cartulinas, en pequeños letreros o en grandes lonas, y que se encuentren en algún lugar visible para él o que sus asistentes o los mismos sujetos interesados le hagan llegar personalmente.

De ahí que los mensajes en general sean considerados por las personas asistentes como elementos sonideros, incluso más significativos que la música misma, aunque esta última sigue siendo fundamental.

Las cumbias, como base musical, son manipuladas, acelerándolas o “rebajándolas” para “soltar” sobre ellas los sonidos grabados –intros– que caracterizan a determinado sonidero, así como mezclas o partes de distintas canciones, pasadas y presentes, que permiten la continuidad de la armonía y el ambiente que han ido creando conjuntamente.

Si bien está presente como figura principal un sujeto experto en cumbia sonidera, el Sonido/Sonidero se conforma también por otros miembros que fungen como los asistentes y cuya labor es esencial para que el equipo de sonido esté listo en todo momento. Son individuos a los que se les conoce comúnmente como chocomiles, el supuesto plural de chocomilk, y cuya presencia es primordial si se trata de giras nacionales e internacionales, o eventos de gran magnitud. Algunos artistas sonideros han designado a sus hijos como asistentes de este tipo, lo que los lleva a aprender la profesión desde pequeños en tareas como el enrollado de cables o la creación de mezclas selectas propias de un Sonidero. Las Dinastías son ejemplo de la tradición aprehendida y el talento heredado.

Cuando los sonidos comienzan a considerarse profesiones o empresas, es común que empiece una movilización a varios lugares del Estado, del país o del extranjero (principalmente Estados Unidos) bajo la figura de giras, que pretenden reconocimiento y posicionamiento en el gusto de la diversa población latina y cuyo éxito se materializa en la grabación de discos que son consumidos por aquellos que fueron nombrados mediantes saludos, por los admiradores del artista sonidero o por los que consideran que la selección de música y el ambiente creado durante el baile sonidero fueron lo suficientemente buenos como para “guardar” el momento. En la ciudad de Puebla es posible encontrar estos discos a la venta en distintos tianguis como el de La Raza, y en los mismos espacios donde se llevan a cabo los bailes.

Las relaciones sociales creadas por este escenario lúdico, emergen de la proximidad física y de identificaciones en el gusto musical. La cumbia, y en pocas ocasiones la salsa, definen la praxis musical sonidera de los asistentes como un tipo de realidad específica que imprime construcciones sociales muy particulares. Tal es el caso de los movimientos corporales que se producen al bailar.

El cuerpo, sus movimientos, ejecuciones y formas, son observadas en todo momento durante el baile, de tal manera que son considerados vías de comunicación e información cuyo fin es montar un tipo de lenguaje propio del contexto sonidero, caracterizando ciertos bailes con estilos interesantes de nominación, como el bailar de “brinquito” o el “persignando el piso”.

Estas y otras prácticas corporales y musicales, son las encargadas de desarrollar en torno del movimiento sonidero un entramado de significados y relaciones que vale la pena analizar en sí mismos como dinámicas contemporáneas de sociabilidad e identificación.

Las dinámicas músico-vocales propias del sonidero, se perfilan como un contexto sociocultural interesante que resulta de la congregación de sujetos múltiples con intereses en común, entre ellos el ser parte de una canción, pues la melodía “completa” implica el contenido base (la letra de la canción original) y aquella que superpone el artista sonidero. Tan importante es la letra de uno como del otro.

PAOLA MOYADO

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