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Domingo , 24.06.2018 / 11:46 Hoy

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La Ritualidad anhelada

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En el artículo Ritualidad secular, prácticas populares y videocultura en la Ciudad de México (Revista Alteralidades. UAM-Iztapalapa. Año 11. No. 22. Julio-Diciembre 2001), el profesor Raúl Nieto señala que "en todas las sociedades los rituales permiten que los grupos sociales se desplacen de un estado a otro, de una situación vital a una distinta; permiten también que una colectividad reelabore su sentido en el tiempo y el espacio; que asuma nuevas etapas y situaciones que puedan, tales colectividades, transitar por sus ciclos anuales y por la historia". Es decir, es una característica esencial del hombre para poder explicar lo que está a su alrededor, aunque muchas veces se deslinde de la razón y la ciencia; sin embargo, no hay fenómeno natural y humano alguno al que no se le dé una interpretación mítica (Ernest Cassirer, Filosofía de las Formas Simbólicas) y todas las culturas del mundo desde la Antigüedad hasta la fecha lo han hecho. Por consiguiente, la ritualidad y la religiosidad devienen al considerar sagrados ciertos lugares, objetos y personajes.

El hombre, al nacer y vivir dentro de una comunidad, va adquiriendo ciertos caracteres culturales, religiosos y rituales que lo identifican como parte del grupo y, al mismo tiempo, es fundamental que nazca dentro de una cultura para adquirir su naturaleza de ser humano. Y es a través de los ritos de iniciación que el nuevo miembro es incluido en una comunidad. Son códigos que reconocemos y estamos acostumbrados a seguir.

Los rituales son dispositivos de inclusión en una sociedad cuando son respetados, cumplidos y transmitidos a las futuras generaciones, pero también pueden excluir a los individuos que no respeten, transmitan y cumplan con dichos códigos. En el caso de México, el cual al ser un país pluri-diverso, encontramos una amplia variedad de costumbres y tradiciones en cada una de sus regiones. Durante los tres siglos de duración del virreinato de la Nueva España, un aspecto fundamental de la sociedad era la religiosidad, manifiesta en las devociones a las vírgenes y santos; la fiesta pública significaba "un rompimiento con la monotonía de la vida diaria. Se establece un tiempo de excepción con valor ritual y colectivo durante el cual la celebración se suspende el ritmo de la vida cotidiana" afirma la Dra. María Dolores Bravo (Discurso de la Espiritualidad Dirigida, 2005: 435).

Es así que la fiesta se convirtió "en un ritual compartido entre los detentadores del poder y la colectividad para la preservación de un orden que dio sentido a la realidad inmediata del individuo y lo incorporó a un sistema de valores que sustentaron al Estado absolutista hispánico". Es decir, la fiesta y la ritualidad, los actos religiosos y cívicos estaban patrocinados por la iglesia y el Estado, ya fuese en la muerte de un obispo, la coronación del nuevo monarca, el nacimiento de un príncipe, la entrada de un virrey, la canonización de un santo, etc.

Durante la Colonia, las procesiones religiosas eran frecuentes y en ellas se podían encontrar las distintas devociones, desde Dios hasta los Santos Patronos de un pueblo, de una cofradía, de una congregación y de un templo. Por este motivo, la iglesia detentó un papel de educadora de la sociedad para atraer su conciencia y espiritualidad; esta característica del período virreinal sigue vigente en la actualidad. Una fiesta a nivel "nacional" era la del Corpus Christi, la cual se llevaba a cabo el jueves después de Pentecostés. Esta fiesta alcanzó un esplendor especial por la fastuosidad con la que se realizaba en las calles de las ciudades, teatro apropiado para la gran fiesta litúrgica, y la procesión que llevaba al Santísimo Sacramento en la que participaban todos los estamentos de la sociedad. Esta fiesta fue instaurada por el Papa Juan XXII en el siglo XIV.

También debemos aclarar que estas fiestas eran sustentadas económicamente por los ayuntamientos, además de que los gremios y cofradías aportaban donaciones materiales y/o monetarias para la realización de una fiesta tan fastuosa como era la del Corpus Christi. Con el cambio de régimen y el advenimiento del periodo republicano, muchas de estas festividades fueron suprimidas por los gobiernos de carácter liberal; un ejemplo cuando en 1926 se desató la Guerra Cristera ya que fue prohibida toda manifestación religiosa dentro y fuera de los templos; en la Constitución de 1917, el artículo 24 recalca la libertad de culto y la prohibición de las procesiones religiosas fuera de los templos, lo cual limitó al sector eclesiástico, pero también la ritualidad de la población. Estas tradiciones fueron consideradas como símbolo de atraso y no iban acordes a las ideas de modernización y progreso que implicaban los principios liberales.

El filósofo polaco Ernest Cassirer señala que la religión no contradice a la razón, más bien la complementa y perfecciona, porque la razón humana es limitada y hay muchas cosas que no puede explicar, y para eso está la otra parte que también brinda una interpretación sobre la vida y la naturaleza que rodea al hombre, y en una sociedad como la mexicana donde la religiosidad y la ritualidad están muy arraigadas y son prácticas ancestrales, definen la cultura y forman parte de la esencia del mexicano.

Finalmente, en palabras de Raúl Nieto "la transformación de la cadena ritual reelabora las tensiones entre una modernidad que no acaba de llegar y una tradición que no acabe de irse [...] En un solo proceso se constituyen distintas formas de ciudadanía cultural y maneras diferentes de cultura ciudadana que incluyen al ritual como un elemento central en sus procesos de secularización".

Adrián Hernández

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