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Jueves , 18.10.2018 / 13:27 Hoy

Re incidente

El recreo del Theatrum Mundi

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Tenemos por ejemplo La Hora Más Bella de Sor Juana (2009), sublime ensayo de Alejandro Soriano Vallès; Hunger's Brides (2007), novela de W. Paul Anderson; los sesudos trabajos de Margo Glantz; Las Trampas de la Fe de Octavio Paz; el extraordinario film de la argentina María Luisa Bemberg titulado Yo, la peor de todas (1990) y la sugestiva propuesta de la famosa cuentista mexicana Mónica Lavín, quien con la publicación de su novela histórica Yo, la peor (2009), logró en pocos meses alcanzar el primer lugar de la lista de los libros más vendidos, efectuar varias reimpresiones y superar los 50,000 ejemplares, según su casa editorial.

Con base en la rúbrica producida con sangre por la misma Sor Juana, Lavín da título a su primera novela histórica, Yo, la peor, que bien puede considerarse más ficcional que histórica por la recreación de soslayo que hace de las diferentes etapas de la vida de la monja novohispana a través de varias mujeres, reales y ficticias, que la rodearon en su trayectoria vital: abuela, madre, hermanas, tía, maestra, virreinas, esclavas, monjas y el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz, alias "Sor Filotea".

Según Lavín, la especulación es un elemento muy importante cuando se escribe una novela, ya que el género tiende a plantear sus propias tesis sobre el hecho o el personaje tratado. Sin embargo, dichas especulaciones desde la ficción se ven enriquecidas cuando se alternan datos verificables, pues como dice Hugo López Coronel parafraseado a Ortega y Gasset: "el autor al compenetrar en los dos mundos [ficción e Historia] los desvirtúa, tanto a la 'ficción' como a la 'verdad histórica', pero es bajo este oxímoron entre 'ficción' y 'verdad' lo que al parecer enriquece a los dos géneros" (Ángeles del abismo. La puesta en escena de un imaginario del México-Colonial. Revista Calmecac, No. 2, Universidad del Valle de Puebla, p.7).

De ahí que la escritora haya tenido que sumergirse en el mar de la investigación de campo para consultar documentos, correspondencia, realizar entrevistas a los especialistas y visitar aquellos sitios que dan la oportunidad metafísica de absorber esa atmósfera de la segunda mitad del siglo XVII. Cuando uno ve la película Yo, la peor de todas, el final produce desilusión, pues presenta una Sor Juana desvalida que cándidamente acepta la renuncia y silencio que le imponen los altos funcionarios de la Iglesia en Nueva España. Pero gracias a la novela de Lavín, y aunque el recurso en general es la imaginación, esa desilusión se eclipsa al plantear la tesis de que aquella monja aparentemente dócil, negada por un mundo dominado por hombres, reacciona como una "rebelde" que es capaz de hacer reconstrucción íntima para sacar la parte humana que siente dolor, coraje y angustia, y así "darle la vuelta" al poder mediante una especie de "escenificación", recrearse en el "Theatrum Mundi" que magistralmente Calderón de la Barca, Gracián o Shakespeare han empleado en sus propuestas literarias.

Acaso sea esta particular manera de tratar a Sor Juana, lo que ha hecho que Lavín acepte que Yo, la peor va más allá de ser una novela histórica, tal vez haciendo eco de las siguientes palabras de Mario Vargas Llosa: "El cuentista no es el ameno contador de historias, sino un pícaro, un vivillo que utiliza una habilidad natural —la de inventar y narrar— a fin de disfrazar mentiras de verdades, con el propósito, no de ofrecer un poco de esparcimiento a su interlocutor, sino de timarlo".

Que la tesis laviniana nos time o no, es lo de menos, mientras nos permita hacernos la ilusión de que a la famosa poetiza, azuzada por las autoridades eclesiásticas para deshacerse de sus libros, de la palabra y de la actividad intelectual que calma la sed que produce la ignorancia, no le haya quedado otro camino que "escenificar" astutamente el forzoso "desprendimiento" para seguir viviendo la libertad de estudiar. Aunque cabe mencionar que dicha tesis no es sacada, del todo, de la manga por Lavín, sino que se sustenta en una serie de textos que Sara Poot ha escrito con el título de Los guardaditos, los cuales aluden a que la Décima Musa tenía otra estrategia para sobrevivir a la crisis desencadenada por los bloqueos y censuras que enfrentó.

Ante la opresión, la intolerancia y el prejuicio, Sor Juana juega a "estar en el mundo" dentro de un teatro donde cada persona representa un papel ("El mundo entero es un escenario y todos los hombres y mujeres no son sino actores" hace decir Shakespeare a uno de sus personajes en la comedia Como gusteís), toma por asalto el "Theatrum Mundi", que como bien lo dice Ramón Esparza no es más que: Metáfora del orden social, en el que el autor (Dios) dirige el destino de cada uno de los personajes.

La visión del mundo como un escenario teatral implica dos ideas. La primera, la exigencia de un ojo adiestrado, o de especial sensibilidad, capaz de destacar lo extraordinario en una cotidianeidad normalmente plana. Ver el interés de lo que aparentemente carece de él. La segunda es la introducción de un orden, visual, social, de significados, en el caos de lo mundano. Para describir en el teatro la vida de los humildes y poderosos, primero hay que saber contemplarla alrededor de uno mismo. Pero también hay que saber dotarlo de un cierto orden; escénico, visual, moral" ("Theatrum mundi o la realidad como escenario": http://salonkritik.net/08- 09/2009/06/theatrum_mundi_o_la_realidad_c.php).

Hay momentos en los que la asequible narración sobre la vida y época de Sor Juana, parece ser un gran pretexto que utiliza Lavín para poner a la vista que la sociedad y la cultura intelectual novohispana —patriarcal, elitista, enajenada entre magia y religión— no es tan diferente de la que hoy vivimos en carne propia, pues las reglas, condicionamientos, rituales de poder, las formas, las hipócritas influencias, alianzas e intereses, aún podríamos decir hasta cierto punto "barrocos",

siguen suministrando al pueblo mexicano más momentos de angustia y tristeza que verdaderas satisfacciones; cuestión que obliga, como seres pensantes por muy ignorantes que le apostemos a ser conspiración, complicidad, prófugos de uno mismo, artificios que se muerden las entrañas vaciadas de contenido, desangramiento interior que se oculta bajo los vestidos de la tonta obediencia bajo una sonrisa estúpida .

A pesar de las críticas que ha recibido Lavín, como ha sido el caso del periodista Nicolás Alvarado, quien ha dicho que la autora a "fracasado" en su intento de conocer a Sor Juana ya que termina siendo fan de la célebre monja, podemos rescatar, no obstante, que ante al acoso de un mundo ya dado por modelos dicotómicos no queda otra que tomar la vida como teatro, como ficción literaria. Quizás por eso, no es vano que Fernando Pessoa afirmara que "la literatura existe porque el mundo no basta".

FRANCISCO HERNÁNDEZ

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