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Lunes , 10.12.2018 / 07:33 Hoy

La ciudad a debate

Aguas negras y turbias

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Uno de los espacios públicos de mayor arraigo y representatividad en la ciudad de Guadalajara y el imaginario colectivo del Tapatío es, sin lugar a dudas, el Parque Alcalde.

Concebido y ubicado al pie de caudalosos nacimientos de agua al norte de la decimonónica Guadalajara, muy cerca de zona de la antigua barranca de Belén, era el lugar de encuentro y esparcimiento dominical para los tapatíos de la época.

Al secarse estos manantiales por los procesos de urbanización de la creciente Guadalajara del siglo XX, las barrancas fueron convertidas en tiraderos de basura y escombro, con la problemática que a futuro se vería reflejada con la inestabilidad del suelo por la forma inapropiada en que fue tratado.

Es hasta que a finales de la década de los años 50, durante la gestión de Juan I. Menchaca como presidente municipal de Guadalajara, y Agustín Yáñez como gobernador de Jalisco, que se decide recuperar para la ciudad el área de las barrancas.

Es así que, a opinión del cronista Guillermo Gómez Sustaita, nace en Guadalajara el primer proyecto de rescate ecológico del Valle de Atemajac.

Aunque en su idea original, el proyecto pretendía generar para la ciudad un gran parque de más de 25 has., para ello era necesaria la expropiación de una parte de los terrenos propiedad de la familia Pérez Sigala. Para que finalmente, después de las negociaciones de ley, se logra consolidar un predio de casi 17 has., de las cuales, poco más de la mitad se destinarían al parque, y el resto sería utilizado en obras de urbanización y equipamiento de la ciudad.

Ya en el periodo del gobernador Juan Gil Preciado, se encomienda el proyecto y construcción del parque a Alberto Arouesty, un excelente arquitecto funcionalista de la época. Destacando en el proyecto, la fuente “La Monumental”; que incluye la conocida cascada, con dimensiones de más de ochenta metros de longitud y 10 metros de altura en 5 niveles.

Todavía recordamos aquellos divertidos paseos plenos de aventuras infantiles y en la más temprana mocedad en los que subíamos a remar en lanchitas sobre el lago de los cisnes o la travesía fabulosa en el tren que transitaba sobre valles y puentes como en los cuentos de Máximo Gorky. El parque Alcalde fue escenario de mil y una historias de alegría familiar y romances juveniles.

En 1996, durante la gestión de Cesar Coll en el ayuntamiento de Guadalajara, se firmó una concesión que otorgaba el control y gestión del parque a la empresa “Diversiones Arias” por 20 años; sin embargo, el gobierno municipal de Guadalajara se vio forzado a cancelarla de forma anticipada en 2012 por los adeudos persistentes del socio privado y el mal estado del parque.

Posterior a ello, y para fondear su rescate y remozamiento, se realizó una inversión millonaria obtenida a través de la reasignación de partidas presupuestales y el apoyo del fondo metropolitano.

Hoy por hoy, en sus inmediaciones reinan el caos y la desmesura de la incapacidad para resolver los problemas que surgen desde el escritorio de planeadores sin escrúpulos que medran con la buena fe de la gente y que no son capaces de encontrar respuestas adecuadas e idóneas para construir infraestructura de calidad.

Alejados de la necesaria coordinación en temas de desarrollo urbano y construcción de equipamiento e infraestructura, los tres niveles de gobierno parecen haber encontrado la fórmula perfecta para desentenderse del asunto, esconder evidencias y negarlo todo. Es el caso de la construcción de la L3 del Tren ligero.

El tema resulta relevante, por la evidente ausencia de proyectos integrales que consideren la totalidad de las afectaciones y los efectos resultantes de una intervención urbanística de gran calado como la L3. Situación que preocupa a la ciudadanía y le quita la tranquilidad al afectar a sus personas y sus bienes.

Esto quiere decir que no basta con proveer soluciones para proyectos aislados sino que es requisito indispensable tener en cuenta el contexto y el entorno: instalaciones e infraestructura, imagen urbana, señalética y espacio público y, lo más importante, a la sociedad civil, sus condiciones y necesidades.

Es necesario entender la urgente conveniencia de aplicar -al menos a nivel de criterio y, en el mejor de los casos, a nivel de normatividad- estudios de impacto humano que evalúen las consecuencias de las acciones y afectaciones positivas o negativas que ocurrirán a las personas y sus cosas.

Se trataría de proveer soluciones alternativas de mitigación y control de los problemas que deriven de los actos de lesa planeación del impacto social.

Hacer proyectos al vapor y sobre las rodillas mediante pseudo-soluciones improvisadas que al final terminarán por afectar negativamente a las viviendas, los barrios y, principalmente, a sus moradores.

Es el caso del extremo norte de la calle Pedro Loza que sufrió graves inundaciones, provocadas por la negligencia y las equivocadas decisiones de proyecto, ejecución y manejo para el sistema de aguas negras y pluviales en una zona de bajo nivel, en donde no se consideró la construcción de un sistema eficaz para la fluidez de los escurrimientos interceptados por el túnel de la línea subterránea del tren eléctrico en esa área.

Hoy en día, nos encontramos con sorpresa y tristeza que la zona norte de este icónico espacio público, es utilizada como depósito de aguas negras y desechos. En palabras llanas, el Parque Alcalde ha sido destinado a funcionar como la fosa séptica de la ciudad por causa de la mala planeación y peor ejecución de la obra pública.

Desde hace ya más de dos años, desde el temporal de lluvias del 2016, en que ocurrió una primera gran afectación por inundación de las viviendas ubicadas en este emplazamiento, las autoridades han hecho caso omiso a las justas demandas ciudadanas para la corrección de esta problemática. La omisión e incapacidad de dependencias de gobierno como, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública y las Direcciones de Obras Públicas, quedan en evidencia manifiesta.

No han sido suficientes las decenas de quejas y reportes ciudadanos; ni las investigaciones y dictámenes profesionales realizados por organizaciones civiles para detectar el problema de origen y sugerir la implementación de acciones conducentes a solucionarlo de una vez por todas y de manera definitiva.

Nada se ha hecho. La problemática persiste, y la amenaza de que se convierta en un caso de mayor gravedad sigue latente.

Tomando como propias las justas demandas de los ciudadanos directamente afectados, por las inundaciones, los deslaves, los daños estructurales y las pérdidas que afortunadamente hasta ahora sólo han sido de índole material; nos dirigimos a las autoridades de los tres niveles de gobierno y de todas las dependencias involucradas en la obligada planeación, supervisión y ejecución de la obra para que, de manera expedita, y aún oportuna, se realicen los trabajos necesarios y se apliquen los recursos que haya menester, para que se resuelva el problema de raíz.

No debemos ni podemos permitir este tipo de omisiones. Exigimos el cabal cumplimiento de las obligaciones profesionales que competen al caso para resarcir los daños.

 Jorge Fernández Acosta, Carlos Enrique Martínez, Rodolfo Ramos Orozco, Salvador Dueñas Rodríguez
Para cualquier opinión: Twitter@gdladebate y/o gdladebate@gmail.com

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