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Lunes , 15.10.2018 / 23:13 Hoy

La Benemérita Opina

La discriminación en México: enfermedad social

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La discriminación tiene como significado dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos o de cualquier índole.

Por años se ha luchado contra la discriminación, pues denigra la integridad de la persona. Esta lucha se ha dado en todo el mundo y también en nuestro país.

México ha vivido la discriminación y ha estado en una constante lucha para acabar con ella. Como resultado de estas batallas tenemos nuestra norma rectora, la cual tiene entre sus fines principales proteger la dignidad humana. Así, se puede observar en el artículo primero, párrafo quinto de nuestra Constitución, que se prohíbe toda discriminación motivada por origen étnico o nacional o cualquiera que atente contra la dignidad humana; sin embargo, las comunidades autóctonas se han visto discriminadas por más de 500 años, han sido sometidas por aquellos que se creen seres superiores y que los han sido obligado a creer en una religión por medio de la violencia, han sido despojados de sus tierras, se les ha quitado la libertad de expresión y sus lamentos han sido brutalmente silenciados, no reciben el trato digno que toda persona tiene derecho a recibir. Todo esto nos lleva a la violación de sus garantías individuales, las cuales se deben proteger, pues así lo señala nuestra Carta Magna.

En los artículos segundo y tercero de la Constitución, se declara a nuestra Nación como pluricultural y ésta se sustenta principalmente en nuestros “pueblos indígenas”, se reconoce su libertad y autodeterminación para decidir sus formas de convivencia y organización política, social y cultural, así como sus propios sistemas normativos, se promueve la igualdad de oportunidades para los “indígenas” y la eliminación de toda práctica discriminatoria hacia estas comunidades.

Y pese a ello, se han visto discriminados, sus derechos han sido pisoteados por años, los tratamos como desiguales, nuestra sociedad es quien los ha condenado a vivir en la miseria.

A diario los mexicanos utilizan la palabra “indio” en forma de insulto, como sinónimo de ignorante y yo me pregunto ¿quién es el ignorante, aquel que utiliza esta palabra con el afán de ofender tanto a quien la dice como al mal llamado “indio” o aquel que se ha visto obligado a portar este término por siglos desde la llegada de los españoles? Pues bien, la realidad es que aquellos que han sido obligados a portar este término no son quienes padecen esta supuesta “enfermedad” llamada ignorancia, ellos son quienes sufren las consecuencias de ésta. Y las redes sociales no han sido mas que un medio de contagio, han servido para propagar esta enfermedad, ya que en ellas circulan imágenes haciendo burla a la lengua náhuatl y a las costumbres que los autóctonos tienen. Por 500 años han vivido injusticias, después de ser conquistados se vieron sometidos por los vencedores y fueron obligados a trabajar sus tierras sin derecho sobre ellas, los convirtieron en objetos y hasta la fecha son tratados como tal, sin piedad alguna. Su situación no cambia y nosotros seguimos propagando esa terrible enfermedad, cada día que pasa nos volvemos más intolerantes a sus costumbres y pensamos que ellos deben adaptarse a nosotros pero la realidad es que nosotros debemos integrarnos y adaptarnos a ellos, pues ellos estuvieron aquí mucho antes que nosotros, sus costumbres fueron antes que las nuestras.

Preferimos que países europeos y los Estados Unidos nos impongan sus costumbres y sus ideas antes que llenarnos del conocimiento que los autóctonos poseen. Deberíamos aprender de ellos, pues están llenos de sabiduría, ellos han logrado mantenerse en armonía entre sí y con la naturaleza, si viven alejados es porque nosotros los hemos condenado al destierro y tan fuerte ha sido nuestro desprecio que ellos prefieren partir lejos de estas tierras antes que trabajar con quienes para ellos representa la opresión.

Para muestra basta un botón. Un estudio realizado por la Secretaria de Desarrollo Social (Sedesol) y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación reveló que 1 de cada 5 mexicanos no aceptaría compartir su vivienda con alguien perteneciente a una comunidad preibérica (autóctona); la cuestión es ¿por qué negarnos a convivir con ellos si son tan humanos como nosotros?

Somos una sola raza, la raza humana y por lo tanto todos merecemos gozar de los servicios que la Constitución señala: servicios de salud y vivienda, educación y trabajo, y que el salario que se gane por el trabajo hecho sea suficiente para cubrir las necesidades básicas de una familia, pero nos hemos olvidado de que somos hermanos y al olvidarnos de ello, nos elevamos a una categoría superior a la que no pertenecemos y tratamos de forma distinta a nuestros hermanos autóctonos, tan grande ha sido nuestro olvido que nos creemos con el derecho de explotarlos sin remuneración por su trabajo y no gozan de todos aquellos servicios a los que tienen derecho, como el servicio médico, pues 37.2 por ciento de la población carece de éste y quienes tienen el privilegio de ser atendidos reciben maltratos en los hospitales por parte de los trabajadores y de otros pacientes; no gozan de una vivienda digna y se les niega el derecho a la educación.

Si queremos que México sobresalga, si de verdad deseamos que México sea un país sano entonces debemos aprender a trabajar todos juntos, como un solo cuerpo, integrarnos y aprender de nuestros ancestros autóctonos, debemos aprender a convivir con todos sin mirar diferencias, y enseñar los valores de la tolerancia y el respeto y por supuesto, fomentar el amor al prójimo, entender que debemos amar a quienes nos rodean y para ello primero tenemos que amarnos a nosotros y por consecuencia trataremos a los demás como deseamos ser tratados, pues quien está bien consigo mismo, está bien con la sociedad.

Acabemos con la enfermedad del mexicano, acabemos con la discriminación, la intolerancia… acabemos con la ignorancia.

José de Jesús Covarrubias Dueñas

Con la colaboración de Claudia Gabriela Ponce Ramírez, alumna de la División de Estudios Jurídicos de la Universidad de Guadalajara.

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