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Sobre el origen de la práctica artística

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La pregunta por los orígenes, si bien ha tenido mucha fuerza en el ámbito filosófico -por lo menos desde el siglo pasado- no ha impactado de la misma manera el ámbito de la historia del arte. Es muy probable que una de las razones de aquel desajuste epistemológico se deba en gran parte al simple hecho que, por gusto, el gran público suele acercarse más al arte que la filosofía, justificando así, de cierta manera, la continua repetición de ciertas inconsistencias, aparentemente inofensivas, entre las cuales destaca por ejemplo la supuesta necesidad de la relación entre arte y belleza. Sin embargo, me parece que lo más significativo de la reflexión sobre los orígenes del arte es que, mucho más que señalar simplemente el porqué del arranque de ciertas técnicas como la pintura o el grabado, nos encamina a la reflexión sobre este preciso momento cuando el ser humano toma conciencia de la especificidad de su condición de vida como ser finito irremediablemente encaminado a la muerte, una toma de conciencia que lo llevó precisamente no solamente a asumirse como diferente de los demás animales sino a desarrollar determinados campos de visibilidad para sellar su pacto con un más allá cada vez más requerido para calmar su angustia existencial.

Ahora bien, si ha sido ampliamente comentado y a menudo divulgado el famoso bestiario del periodo paleolítico -pensemos por ejemplo en los rinocerontes de Chauvet, los pingüinos de Cosquer, los bisontes de Altamira o el famoso unicornio de Lascaux- poco se dice sobre el campo antropomorfo que lo acompaña. Un poco como si, solamente quedan nuestra perplejidad y casi total incomprensión después de comparar la nitidez y exactitud del trazo del repertorio zoomorfo con la puntual torpeza con la que queda representado el ser humano. Y, claro, surgen las preguntas: ¿Por qué la persona que excelsa en la representación hiperrealista de un sinfín de animales no puede representarse a sí misma? ¿Por qué tantos animales representados y tan pocas figuras humanas? ¿Por qué la figura humana no puede emerger de un campo de visibilidad abstracto? Para el filósofo Jean-Luc Nancy, las respuestas fluyen sin el menor problema: lo que presenciamos en el arte del paleolítico, en el lento nacimiento de estos primeros campos de imágenes tan contrastados es, más allá de la mera toma de conciencia del ser humano como ser-para-la-muerte, su consecuencia inmediata: el llegar a pensarse diferente de los demás animales. Por lo tanto, en la imagen de este híbrido, con rasgos animales en la parte superior de su cuerpo y rasgos no animales en la parte inferior, está el primer ensayo de visibilidad de su diferencia existencial, uno de los mayores secretos de las grutas a pintura del paleolítico europeo.

LAURENCE LE BOUHELLEC
laurence.le@udlap.mx

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