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Viernes , 22.06.2018 / 18:31 Hoy

Expresiones UDLAP

La arquitectura de la información

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Así como la arquitectura de nuestra casa nos proporciona paredes y techo para sentirnos seguros, hay otras arquitecturas que nos proporcionan otros niveles de confort. Tal como todos tenemos un lugar al cual llegamos por la noche, hay otros lugares que no son nuestra casa pero que también habitamos a diario, a veces de manera permanente. Estos lugares se llaman: bases de datos.

Las bases de datos son bancos de información temáticos, donde se almacenan datos por categorías de todo tipo, con el fin de ser consultados para algún propósito específico. Éstos (categorizados o indexados) deben tener una estructura traducible por los programas de cómputo, que fungen como canales para acceder a ellos y como gestores para administrarlos.

La arquitectura de información proporciona la lógica para entender y sistematizar los flujos de búsqueda entre los componentes de una base de datos, igual que la arquitectura de un edificio proporciona los planos para que el constructor levante lozas, columnas y ductos, permitiendo que las personas transiten por los pasillos, el agua fluya por los grifos y la electricidad funcione en cada lámpara.

Las lozas de cimentación de una base de datos, siguiendo con la analogía, se llaman súper categorías, estructuras lingüísticas (palabras o sintagmas). La expectativa de búsqueda es el impulsor que provoca a un usuario a seguir por el laberinto de ductos hasta encontrar el dato que quiere o necesita. Esas súper categorías constituyen, por ejemplo, el menú universal de un portal web.

La arquitectura de información es una especialidad del diseño de información que, sin darnos cuenta, nos ayuda en múltiples labores diarias. Seamos nativos o migrantes digitales no nos escapamos de su influencia. Las bases de datos las encontramos por doquier; en la red social que checamos al despertar, en el cajero automático, en el intranet de la empresa, en el interactivo del museo, al agendar una consulta médica, al hacer una búsqueda en google, al pedir un Uber o al comprar un boleto de autobús. El big data tiene (casi siempre) una cara amable, una puerta de madera con tapete de bienvenida que se llama "arquitectura de información" que, de manera oculta y discreta, hace que los datos fluyan por los ductos y, por descomunal que sea la estructura, las personas podamos tener pequeños pero poderosos controles del tamaño de la yema de los dedos.

ALEJANDRO ORTIZ
alejandro.ortiz@udlap.mx

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