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Martes , 16.10.2018 / 08:21 Hoy

Expresiones UDLAP

2017-09-12

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Usualmente ubicamos a la dramaturgia sólo cuando pensamos en teatro. Sin embargo, actualmente vemos con más y más frecuencia a la dramaturgia aparecer en los créditos de una función de danza. Pero ¿su papel es realmente una novedad en el mundo de la danza? ¿O más bien la etiqueta de este papel es la verdadera ruptura histórica? ¿Cuándo, cómo y por qué empezamos a hablar de la dramaturgia de la danza y a dar crédito a un dramaturgo de danza?

Por lo general, nos referimos al trabajo de Pina Bausch y Raimund Hoghe durante los años ochenta como un punto de partida para este enriquecedor diálogo entre danza y dramaturgia. Una de las principales razones por las que identificamos el inicio del pensamiento dramatúrgico con Bausch y Hoghe es la naturaleza compleja y multifacética de su obra, la cual fusiona una mezcla de movimientos cotidianos y poéticos dentro de un escenario muy teatral. La mayor parte de sus piezas poseen una teatralidad innata y una narrativa impulsada por la yuxtaposición de la danza, emociones, música, vestuario y la declaración política de los cuerpos de sus bailarines en el escenario. Es como si la complejidad incorporada en el trabajo funcionara para crear nuevas herramientas y lidiar con la toma de decisiones de la composición de la danza, herramientas que podrían ser utilizadas en el proceso creativo por coreógrafos, bailarines y colaboradores artísticos, así como por el público que las recibe.

El cambio histórico hacia el posmodernismo hizo más aceptable la idea de un proceso artístico colaborativo; un cambio claro de la era moderna del «genio», en donde el coreógrafo debía ser el único poder creativo detrás del acto de hacer danza. En general, el posmodernismo atacó las viejas «narrativas maestras» del modernismo en todos y cada uno de los aspectos de la sociedad y la cultura. La idea de que un artista sabía más o mejor que otros fue rechazada, y un enfoque claramente subversivo a la manera de hacer arte se hizo evidente. En cualquier caso, el pensamiento dramatúrgico ha estado presente durante mucho tiempo en la danza, por ejemplo, los libretos de danza utilizados en la tradición de ballet eran una manera de rastrear la narración de una historia contada a través del movimiento.

La dramaturgia en la danza puede ser una herramienta útil para agrupar una obra en donde no hay un principio claro, intermedio y final, una fuerza motriz que permite al creador navegar por la complejidad de las opciones coreográficas contemporáneas.

CRISTINA GOLETTI

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