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Martes , 21.08.2018 / 22:00 Hoy

Derechos Humanos

Venezuela y el humanismo internacional I Parte

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Jorge Olvera García


"Hay un principio que es vital para los pueblos de nuestra América, el principio de no intervención... la conquista de ese principio es una conquista de América Latina." Fidel Castro (Doctor Honoris Causa de la UAEM).

Nuestro continente proviene de una enorme tradición de unión espiritual, política, social y fundamentalmente cultural; las naciones que componen el enorme continente americano compartimos no un comienzo, sino un origen común; provenimos de la obra insigne de grandes es libertadores.

Cierto es que a mediados del siglo XX, cómo hecho histórico, se firma, en un concierto mundial, la Carta que garantizan los derechos naturales, sociales, educativos, de vivienda, y de trabajo del hombre; en el que naciones pactan tratados de paz y de ayuda mutua. Esto corona los principios que ya advertía el Generalísimo José María Morelos y Pavón, quien en 1813 declarara la

igualdad entre los hombres de la América septentrional, unos años antes El cura Miguel Hidalgo había declarado la supresión de castas y; si nos vamos un poco más atrás, Artigas en Argentina, Sucre en Venezuela, Bolívar en Colombia, José de San Martín y Bernardo O'Higgins quienes en sus respectivas naciones, lucharon por instaurar la independencia de las naciones; lo que derivó en aquel sueño que el gran Simón Bolívar, plasmara en la Carta de Jamaica sobre la posibilidad de una unión de la América a través de un hilo conductor que era el idioma, la cultura y la libertad.

Hoy el país que "abandera" erróneamente la figura del general Bolívar, a mi interpretación es el primero que violenta los principios fundacionales de nuestro enorme continente.

La situación que vive Venezuela en la que, evidentemente, existe una violación a los derechos humanos, la persecución a periodistas, su asesinato y desaparición; la condena social y política y la polarización a la que han llegado los venezolanos, producto de la cerrazón del presidente Nicolás Maduro; un gobernante que ama a su pueblo, lo antepone y lo defiende; no lo tensa y no lo suprime no reprime. A diario los actos negligentes, abusos de autoridad, uso de la fuerza no solamente por poder legítimo, sino tendiente a la degradación social, todo ello ha hecho que Venezuela se convierta en uno de los países más violentos del continente y del mundo.

Cuando en una nación los jóvenes no pueden salir a protestar, exigir sus derechos y pedir respeto y oportunidades de estudio y de empleo; cuando la niñez se ve amenazada desde sus niveles escolares básicos; cuando las amas de casa, los trabajadores, los servidores públicos, los burócratas y hasta la propia policía y la milicia se ve amedrentada por la mano dictatorial de un gobierno, entonces no se puede hablar de un garante estado de derecho, ni mucho menos de una nación libre y soberana, sino hasta que se erradique la violencia entre los propios ciudadanos.

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