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Domingo , 27.05.2018 / 09:34 Hoy

Derechos Humanos

La equidad sin feminismo o machismo

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El sistema jerárquico-social que vivimos es vertical y machista; sin embargo, el machismo no es bueno ni para la mujerni para el hombre; entre muchas otras cosas porque no reconoce a la mujer como individuo, con sus propias ideas y reflexiones. Así, la forma de abordar este paradigma social hace más de 30 años tampoco benefició a las mujeres.

Anteriormente, el género femenino se hacía cargo de las labores de la casa y los hombres se encargaban de proveer los insumos; sin embargo, la mujer a la hora de luchar por su "libertad" sólo logró que se le atribuyeran más responsabilidades. Hoy, muchas mujeres además de la casa, también tienen la responsabilidad de proveer; entonces ¿cuál fue el beneficio? Ninguno, la revolución feminista no ayudó a las mujeres, por lo menos no en México.

¿Dónde estuvo el error? Los especialistas en el tema concuerdan que éste fue abordado de manera equivocada: las mujeres querían un trato igualitario. En la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: "Los hombres y las mujeres nacen iguales, con iguales derechos y obligaciones", pero un punto importante que muy pocos feministas se atreven a decir es: los hombres y las mujeres no son iguales ni física ni mentalmente y mucho menos sentimentalmente.

Las estructuras de raciocinio (es decir, cómo se forma el conocimiento y la razón) se forman de manera muy diferente en los cerebros de ambos sexos. La revista Ciense publicó recientemente un artículo en el que menciona cómo una mujer puede establecer conexiones neuronales más diversas que el hombre, sus neuronas se relacionan más rápidamente unas con otras, pero estos lazos no son muy fuertes, en pocas palabras la mujer crea el conocimiento más rápido que el hombre; sin embargo, las neuronas del hombre establecen pocos enlaces con otras pero estos "amarres" resultan más fuertes, traducido a lenguaje coloquial, el hombre tarda más tiempo en construir dicho conocimiento, pero este mismo perdura mucho más. Esta aseveración no causó revuelo porque la hizo un neurólogo y no un sociólogo. Por eso los feministas más radicales también deben reconocer esta condición de diferencia.

Sabemos que somos diferentes, como sociedad debemos aspirar a la igualdad, pero al mismo tiempo respetando las diferencias. Las mujeres deben tener la libertad de elegir su propio bienestar, sin críticas sociales y con la colaboración del hombre en todos los ámbitos de la vida.

Exaltemos nuestras diferencias respetando la igualdad de derechos entre ambos sexos. La equidad no debe entenderse de manera vertical y paralela, sino trasversal y única.

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