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Lunes , 22.10.2018 / 07:47 Hoy

Corredor Fronterizo

¿Y los derechos humanos?

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A casi 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y “la mayoría de las personas en el mundo no son sujeto de derechos humanos, sino –solo– objeto de los discursos sobre derechos humanos” (De Souza).

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de diciembre de 1948, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece que: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Los derechos humanos son inherentes a todas las personas sin que exista distinción alguna, ya sea por su sexo, raza, origen étnico, lengua, nacionalidad, religión o cualquier otra condición. Son fruto de múltiples padecimientos de la humanidad y a través de ellos se busca proteger la dignidad humana desde los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

En México, a raíz de la reforma constitucional de 2011, se establece que los derechos humanos contenidos en los tratados internacionales de los que forme parte, tienen la misma jerarquía que la Constitución (convencionalidad), obligándose con ello al gobierno mexicano a promoverlos, respetarlos, protegerlos, garantizarlos. Si bien se reconocen los esfuerzos realizados desde los ámbitos gubernamentales, orientados a establecer una cultura de respeto a los derechos humanos, es urgente señalar su insuficiencia, deficiencia o incapacidad para garantizar su cumplimiento.

Grandes tragedias como San Fernando (2010), Allende (2011), Tlatlaya y Ayotzinapa (2014), Tanhuago (2015) y Nochixtlán (2016), son reflejo de la corrupción, violencia e impunidad existentes, por lo que Amnistía Internacional afirma que México vive una de las peores crisis en materia de derechos humanos. Para 2017 se presentaron ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos 38 mil 722 quejas y 170 mil en las Comisiones Estatales, destacando Inegi que más del 93% de los delitos cometidos no son denunciados.

En ese mismo año, el Índice de Percepción de la Corrupción posiciona a México en el número 135 de 180 y el índice Global de Impunidad lo ubica como el cuarto país más impune, por las múltiples violaciones a los derechos humanos, incluso algunas de ellas fueron señaladas desde 2014 por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas y en 2015 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en torno a seguridad ciudadana, desapariciones y desapariciones forzadas, tortura, ejecuciones extrajudiciales, acceso a la justicia y personas en situación particular de vulnerabilidad.

Es importante mencionar que los derechos humanos están plasmados en nuestra normatividad de forma enunciativa, pero no puntualizan sobre cómo materializarlos y en algunos casos ni siquiera existen sanciones por su violación. Paradójicamente programas, proyectos, documentos y discursos oficiales legitiman su “convencionalidad” al agregar en la primera oportunidad el término “derechos humanos”; mientras que estudios recientes indican que el 90% de los mexicanos ni siquiera conoce sus derechos (humanos) y, por tanto, tampoco sabe cómo ejercerlos, ni los mecanismos a través de los cuales exigir que se garanticen.

Como sociedad no podemos esperar ni aspirar a vivir en una cultura de goce pleno de los derechos humanos, manteniendo rezagos tan sensibles. Debemos ejercer nuestro derecho de acceso al conocimiento, identifiquemos si estamos permitiendo la violación de nuestros propios derechos, o si somos nosotros quienes irrespetamos los derechos de los demás y reflexionemos sobre las acciones lícitas que debemos realizar para corregirlo. Modificar esta realidad es también nuestra responsabilidad.


Rosa Isabel Medina Parra

Profesora investigadora Conacyt-El Colegio de la Frontera Norte, sede Matamoros


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