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Lunes , 15.10.2018 / 23:23 Hoy

Corredor Fronterizo

Más agua, mi Rotoplas está vacío

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Llegaron los intensos calores y la demanda de agua potable aumenta. En Nuevo Laredo, quien más padece por la falta de vital líquido es la población que vive en las colonias de la periferia y principalmente en los denominados asentamientos irregulares. Es aquí donde no hay infraestructura de agua y drenaje y, por consiguiente, carecen de esos servicios.

En esta ciudad, a esa población las autoridades municipales las abastece de agua de manera gratuita. Ésa es una ventaja. A través del Departamento de Distribución de Agua Potable

–conocido como Departamento de Pipas–, a cada familia le suministran dos mil litros cada semana. Sin embargo, es común que esa cantidad no les alcance, sobre todo en la temporada de calor como la que actualmente se experimenta en esta ciudad y que en estos días la temperatura ronda en los 40 grados centígrados.

En ese contexto, es común ver en la prensa local notas sobre mayores demandas de agua de esa población para cubrir sus necesidades básicas. Ante ello, el Sistema de Pipas, por lo general, aumenta los viajes para tratar de atenderlas; sobre todo, para aquellas familias que tienen menos recursos y utensilios para almacenar el líquido. Tener más o menos recipientes para acaparar el líquido puede ser una ventaja o una desventaja para las familias. Por ejemplo, si una familia tiene solo un tanque de 200 litros, no podrá acceder a los dos mil litros y tendrá que solicitar más agua o buscar otra fuente de abasto.

Otras opciones de abasto pueden ser : a) las llaves públicas que hay en algunos asentamientos; b) los tanques comunitarios de 10 mil litros que existen en algunos sectores. Pero también aquí hay quejas de la población. Por una parte, que en esas llaves no hay suficiente presión y el agua no sale; por otra parte, que a esos recipientes por lo regular no se les da mantenimiento, están sucios, y la gente no necesariamente se puede abastecer de ellos. Entonces, hay que hablar al Departamento de Pipas para solicitar más agua.

El acceso al recurso hídrico también puede depender de los medios de transporte que tenga una familia. No es raro ver a alguien acarrear cubetas o tanques con agua –si hay en las fuentes que se señalan– en una carretilla, en un triciclo y, los que más, en una camioneta. Cuando no hay nada, hay que cargar los baldes llenos del líquido. ¿Quién hace estas labores?: principalmente las mujeres. Son ellas las que están al pendiente cuando llega la pipa, en el llenado de los recipientes y de su uso en el hogar. La solidaridad también está presente en las familias. No es raro ver que alguien le “preste” o “regale” agua a otra familia, cuando a ésta se le terminó.

El uso de esa agua también depende de las condiciones ambientales o de su manejo en el hogar. Ante la falta de pavimentación en esas colonias, el líquido fácilmente se mezcla con tierra al estar destapados los recipientes; también cambia su calidad ante la falta de limpieza de estos últimos. Y si es para tomar, hay que comprarla de garrafón. Porque las familias por lo regular no beben la que les reparten las pipas, ni de la llave. Hay desconfianza a tomarla para no “enfermarse”. Aunque hay quien lo hace: se puede apartar agua en un Rotoplas, limpio, bien tapado y hervirla.

Así, se ha dado cuenta de algunas peculiaridades en el abasto y el uso del agua en la población que vive en las colonias irregulares, aquélla que no tiene grifos en sus hogares; aquélla que tiene que racionar la que le surten para poder hacer frente a sus necesidades básicas; aquélla que, al carecerla, sabe del valor de ese recurso para el ser humano.

Jesús Frausto Ortega

El Colegio de la Frontera Norte, sede Nuevo Laredo

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