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La CNTE y la reforma educativa

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Bastante se ha escrito sobre la reforma educativa, argumentando que no es una verdadera reforma en la educación. Pareciera que oponerse a esa reforma legitima que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) realice sus movimientos en “oposición” a esa reforma. Manifestaciones, plantones, incendio de edificios públicos, tomas de casetas, suspensión de labores con miles de niños sin clases, vejación de maestros que asisten a evaluaciones; todas esas acciones parecen justificarse. Sin embargo, si bien la reforma educativa no es suficiente para mejorar la educación en México, tampoco la CNTE es una organización a la que le interese mejorarla en los estados que domina.

La CNTE surgió en Chiapas en 1979 como un movimiento magisterial que reclamaba la democracia sindical en contra del completo control que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) ejercía desde los años 40. En 1989 después de una huelga nacional y la caída de Carlos Jonguitud Barrios como líder del SNTE, la CNTE logra tener una mayor influencia en el magisterio principalmente en las secciones 22 de Oaxaca; 18 de Michoacán y 40 de Chiapas. Pero es principalmente en Oaxaca donde la CNTE asume el poder completo del magisterio.

Este control se formalizó en la minuta del 28 de octubre de 1992 entre el Gobierno del Estado y la sección XXII. En ese documento se les concede una serie de beneficios y privilegios; algunos de ellos podrían haber tenido un impacto en mejorar la calidad de la educación en el estado. Por ejemplo, el Acuerdo Quinto establece la entrega de recursos económicos suficientes para los proyectos de actualización docente, así como estímulos económicos a instructores y asistentes.

Se acuerda también un fondo de arraigo comunitario que ayudaría a la educación básica en zonas rurales.

Otros acuerdos son claramente privilegios para la sección XXII, como el Acuerdo Décimo que establece que: “El Gobierno del Estado, por conducto del IEEPO y conforme a la legislación aplicable, otorgará un banco de plazas como patrimonio de la Sección XXII del SNTE”. El Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), desaparecido en julio de 2015, era una dependencia estatal controlada por la Sección XXII.

Con las plazas como patrimonio, el Comité Ejecutivo de la CNTE tuvo el poder para venderlas o heredarlas, y establecer criterios como la participación sindical para autorizar promociones. El acoplamiento Sección XXII-IEEPO se convirtió en el aparato de control político-administrativo mediante mecanismos de control de incentivos, promoción y participación sindical.

Después de más de veinte años de ese control, el uso de recursos para la educación en el estado no muestra resultados positivos. Según datos de la Encuesta Intercensal 2015, la tasa de analfabetismo en la población mayor a 15 años de Oaxaca es de 13.3%, el doble del promedio nacional (5.5%); mientras que el 16.5% de la población de 15 años y más cuenta sólo con primaria incompleta.

La reforma educativa, promulgada en septiembre de 2013, se propone evaluar a los profesores para favorecer el mérito en el ingreso y permanencia en el llamado servicio profesional docente. Como es evidente, esto afecta a los privilegios que el control de la CNTE tenía sobre plazas. No obstante, estos mecanismos de evaluación no son suficientes para mejorarla. Hace falta discutir la organización, el funcionamiento, las necesidades físicas de las escuelas, pero sobre todo las prácticas pedagógicas y los contenidos curriculares.

El Gobierno Federal tiene como propósito central recuperar el control del sector educativo que tenía el SNTE en el país y las distintas secciones de la CNTE en sus estados. Es evidente que en respuesta a esas reformas, los grupos afectados reaccionen con movimientos que pretenden recuperar y mantener su poder. Lo que no es lógico es que se apoyen estos movimientos bajo el argumento de mejorar la educación; no es su objetivo.

Ismael Aguilar Benítez

Profesor-investigador de El Colegio de la Frontera Norte

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