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En México, el problema no es la pobreza

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Ciertamente México tiene un nivel de pobreza acentuado, sin embargo, ese no es el problema principal. El problema principal de México es la impunidad que existe en el país. La impunidad hacia criminales que pueden matar, extorsionar, robar, plagiar, etcétera, a cualquier ciudadano sin ningún castigo. La impunidad de los gobernantes que pueden involucrarse con el crimen organizado, con la delincuencia, sin ser sancionados y encarcelados. La impunidad que existe para funcionarios que a pesar de haber sido evidenciados como ladrones, como corruptos, siguen postulándose para puestos públicos. La impunidad asociada a la corrupción ha sumido al país en una profunda crisis social y política.

A pesar de los discursos triunfalistas de la bonanza económica que espera a México por la aprobación de las recientes reformas, de los premios internacionales al Ejecutivo Federal y al secretario de Economía por su desempeño económico, mas no político, ni social, es un hecho que en este momento, México se encuentra sumido en la peor crisis social y de credibilidad hacia sus gobernantes en la historia reciente. Desde el año de 1968 no se había notado tanta efervescencia social como la que se está registrando en este momento.

La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, fue el detonante que hizo aflorar el descontento social que se ha fermentado en la sociedad mexicana desde hace décadas y que a pesar de los reclamos, los gobernantes de todos colores y de todos los niveles han permanecido sordos a estas demandas. Las actuales marchas multitudinarias a lo largo y ancho del país son evidencia del hartazgo social que existe por los centenares de ciudadanos que han perdido un familiar.

Así pues, se marcha por Ayotzinapa pero también como una forma de reclamo social para aclarar los miles de las desapariciones forzadas y asesinatos que han existido en el país, por la exigencia a los gobernantes para que asuman su responsabilidad de castigar a los delincuentes sea quien sea, por la exigencia por sanear hasta las entrañas a este sistema político que se pudre en la corrupción, de restituir la paz en un país que aparte de pobre se sume en la violencia. En sentido, el gobierno, en especial el Federal, tiene la gran oportunidad de legitimarse ante la ciudadanía nacional e internacional, esclareciendo qué aconteció con los normalistas desaparecidos y sobre todo aplicar todo el peso de la ley a los responsables.

Ayotzinapa no puede ser igual que lo acontecido con la muerte de los migrantes en San Fernando, Tamaulipas, en donde imperó lo impunidad. Debería ser un paso adelante en la recuperación de México.

La esperanza reside en que en el contexto internacional se han anunciado sanciones económicas si no se esclarece el crimen y ese sí puede ser un elemento central para aquellos que se empeñan que en México todo está bien, apliquen por primera vez la ley.

CIRILA QUINTERO

Profesor-Investigador de el Colegio de la Frontera Norte.

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