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Domingo , 09.12.2018 / 18:52 Hoy

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Retos para evitar la desaparición de la educación superior en México

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En debates recientes de expertos en educación se discute la idea de la “desaparición de la educación superior” en los próximos 20 o 30 años. Esta discusión retoma las premisas que han acompañado a la práctica educativa en países en desarrollo: que la educación se encuentra alejada de responder a las necesidades de un mundo complejo, que los curriculums no responden a los requerimientos del mercado laboral, que el surgimiento de las nuevas formas y estilos pedagógicos vinculados a las tecnologías de la información vuelven obsoletos los espacios presenciales, entre otras.

El debate como tal no es nuevo, sin embargo, sí pone a temblar a todas aquellas instituciones públicas y privadas para que apliquen mecanismos que mejoren la gestión institucional, la calidad educativa, las competencias de los egresados; que implementen modelos para evaluar la calidad de instituciones o programas como son: el Mecanismo Experimental de Acreditación de Carreras del Mercosur (MEXA), el Modelo CINDA, el Modelo de Gestión de la Calidad Total (TQM) o el Modelo Europeo de Gestión de la Calidad (EFQM), por mencionar algunos.

Luego entonces, los debates de esta desaparición apuntan a atender dos cosas para evitar o posponer la desaparición: la primera, centrada en el educando, a guiarlo y orientarlo hacia un aprendizaje autónomo, colaborativo y personalizado a lo largo de la vida. Esto implica el uso de realidad virtual, realidad aumentada, inteligencia artificial, geolocalización, entre otros ¿Cómo puede la educación superior en México llevar al educando en ese camino cuando está anclado a espacios “cerrados” e infraestructuras inamovibles, y, con sólo el 0.5 de su Producto Interno Bruto (PIB) destinado a las áreas de investigación y desarrollo?

La segunda, a atender a las propias instituciones, no en procesos de acreditación o certificación o al uso de las metodologías de evaluación como las mencionadas, sino a sus vínculos con y las pequeñas y medianas empresas, a la atracción de financiación, a las respuestas y beneficios tangibles en la población, a la explotación sostenible de los recursos, a la protección de la libertad y seguridad de los ciudadanos, a la atención de retos y no a la atención de áreas de conocimiento; en general, a acciones innovadoras que mediante sinergias y participación de distintos actores permitan la construcción de una sociedad sostenible y adaptable ¿Puede la educación superior en México atender estos retos? ¿O nos vemos en 20 años sin un sistema de educación superior en nuestro país.

EDITH MOLINA

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