• Regístrate
Estás leyendo: Mejor…cabeza de león
Comparte esta noticia

Ciencia Y tecnología

Mejor…cabeza de león

Varios autores

Publicidad
Publicidad

La siguiente es una reflexión especialmente para aquellas y aquellos interesados en hacer una carrera científica o para quienes apenas la han iniciado (aunque puede servir para muchos más): Hace cerca de 20 años leí en una entrevista transcrita, varios comentarios autobiográficos del destacado científico Leopoldo García-Colín Scherer, fundador de la llamada escuela mexicana de física estadística, así como miembro fundador de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN y también del Departamento de Física y Química de la UAM-Iztapalapa, fallecido apenas en 2012. Este notable físico, que realizó aportaciones importantes y bien reconocidas por la comunidad científica internacional, a cinco años de su muerte fue y sigue siendo el investigador mexicano más referenciado en su área de investigación. Tenía un notable carácter firme, entusiasmo por el trabajo, disciplina y liderazgo que se notaba desde que entraba a un lugar y se hacía notar con su pura presencia, y más aún, con su voz.

Para quienes tuvimos la oportunidad de coincidir con él en un congreso, nos agradaba la oportunidad de escucharlo y aprender de él, pero también nos preocupaba hondamente ser receptores de su aguda crítica, especialmente cuando tenía razón (lo cual era frecuente); pese a ello, reconozco que tales sesiones rigurosas ayudaban a formar el carácter y defender las ideas con vigor, teniendo confianza en el trabajo propio.

En una ocasión, casi me toca una de esas “palizas”, aunque me salvé apenitas, pues don Leopoldo llegó después de mi presentación. Pero a quienes les tocó, se notó que esas zarandeadas dolieron…y aún por muchos días después de transcurrido el episodio. Sin embargo, hubo una cosa que nunca entendí del todo de este apreciado profesor. Cuando terminó su doctorado en Estados Unidos y contaba ya con un perfil prometedor, al tomar la decisión de quedarse allá o regresar a México, hubo quien le planteó la dicotomía de ser cola de león o cabeza de ratón, ante lo cual optó por venir a México y hacer la magnífica carrera que desarrolló durante más de medio siglo y que bien pudo hacerla en cualquier lugar del mundo, muy probablemente con mejores condiciones laborales, como se desprende de sus múltiples relatos autobiográficos.

Para nada se puede decir algo negativo de la decisión que él tomó, incluso de su propio relato pareciera que fue un poco más por patriotismo y en parte por vanidad, pero con el paso de los años he notado que en la carrera académica no son pocas las veces que nos enfrentamos a una disyuntiva similar y a veces a los científicos les falta más empuje, quizá más confianza en sí mismos, para arriesgarse e intentar la meta que parece imposible, desde el tema de investigación que se ve difícil pero podría encumbrarlos y en lugar de eso hay un cierto acomodo con los temas menos ambiciosos, hasta dejar de intentar el ingreso a la institución laboral más exigente, y por comodidad, decantarse por una opción de trabajo menos estresante.

En la etapa media de mi vida, pienso y confirmo que lo que hay que intentar es ser cabeza de león, si no se puede ya es cosa aparte, pero siempre hay que intentarlo, como dicen los vecinos del norte, “sólo inténtalo, por si acaso; no pierdes nada con probar”. En lo personal y por lo que se puede conversar con los colegas, eso es lo mejor. De ahí vienen nuestras principales satisfacciones, especialmente cuando se logran triunfos en retos laborales que parecían imposibles. En contraste, en la medida que se evaden los compromisos fuertes y riesgosos, buscando el camino fácil puede que nos perdamos y terminemos con algo peor como acabar siendo…cola de ratón.

Comprendo que tomar decisiones riesgosas en la profesión de uno, puede ser sumamente difícil (en especial cuando se tiene familia o dependientes económicos), pero nunca sabremos realmente nuestros alcances y hasta donde llegan nuestros verdaderos límites, si no nos enfrentamos a los retos que parecen formidables.

Guardada toda proporción, deseo traer a colación una cita de John Milton, de la obra “El paraíso perdido”, quien, en boca del ángel caído, menciona: “¿qué importa el sitio donde yo resida, si siempre soy el mismo y el que debo ser? … vale más reinar en el infierno que servir en el cielo”.

Duras palabras, pero que, a partir de la mitad de la oración, se vuelven derrotistas, o al menos conformistas, a mi manera de ver; en cierta forma, me recuerdan el tono de la disyuntiva entre cabeza de ratón o cola de león (reinar en el infierno en el primer caso, servir en el cielo, en el segundo). Sea bajo una u otra analogía, si de lo que se trata es de hacer ciencia, en qué lugar y en qué tema, la mejor respuesta podría ser: (1) hacerla, sí, en tanto sea su vocación; (2) en el mejor lugar posible (así sea el más demandante y complicado por su nivel de exigencia y rigor en investigación, no el más complicado por sus carencias y/o trabas administrativas); (3) en el tema más retador que pueda encontrar, conforme a sus intereses y formación. Claramente, estas sugerencias van más allá de lo científico, ya sea en la ciencia o en la vida ¿qué opina usted? ¿Se anima a tomar riesgos y jugársela?


Eduardo Macario Moctezuma-Navarro

Investigador asociado en El Colegio del Estado de Hidalgo.

lrivera@utvm.edu.mx

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.