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Ciencia Y tecnología

El hidroespacio de la Ciudad de México. Apuntes sobre hidroespacialidad.

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El espacio es el escenario de la vida social. Pero no es un escenario vacío, tampoco un contenedor, mucho menos algo abstracto, es un elemento activo de esta vida social; más que escenario es personaje. Y al ser la vida social fundamentalmente relación de sujetos y de objetos que interactúan entre sí y se determinan dialécticamente, el espacio no es solamente premisa, sino también el resultado activo de estas relaciones que en él ocurren y por las cuáles él existe.

Con lo cual quiero decir que la vida social y espacio (también social) son categorías que analíticamente podemos separar pero que en el momento de la concreción de las relaciones entre objetos y sujetos, espacio (social) y vida (social) son lo mismo. No es posible la vida (social) sin el espacio (social).

En este pequeño texto pretendo concentrarme en el espacio social como categoría analítica, para poder proponer un tipo particular de espacio; el hidroespacio. Desde el cual pretendo explicar la relación entre vida social, espacio social y el agua como elemento fundamental de la existencia de las sociedades.

Desde mi propuesta el hidroespacio es aquel espacio social particular concreto que es el resultado de la forma técnica (y en algunos casos hasta religiosa) a partir de la cuál las sociedades se relacionan con el agua. Ejemplos sobran en la historia de la humanidad, desde los sociedades asiáticas descritas por Marx, hasta los grandes proyectos hidroeléctricos para generar electricidad y abastecer de agua a las ciudades de nuestro tiempo.

En este caso me enfoco en el análisis de las ciudades latinoamericanas, concretamente en la Ciudad de México para darle contenido histórico-concreto al concepto que me da vueltas en la cabeza. Sobre todo porque me parece paradigmático el caso de esta ciudad en términos de manejo de agua y del resultado espacial que este manejo tiene, es decir del hidroespacio que surge como resultado.

En general existen cuatro momentos o estrategias desde las cuales la Ciudad de México se hidroespacializa. La primera tiene que ver con la vida prehispánica en la cual la sociedad azteca se relaciona de una manera productiva particular con la cuenca hídrica del Valle de México, a partir de una forma técnica y productiva muy particular que se expresa en chinampas, diques, calzadas, etc. Y que tiene como contraparte una cosmovisión religiosa muy amplia y rica de relación con el agua que se sintetiza en Tláloc y otras deidades relacionadas con el agua.

La segunda estrategia o segundo momento es la que se inaugura con la llegada de los españoles a América y la fundación de la ciudad occidental en el mismo sitio que la ciudad indígena. Esta estrategia es de desecación o vaciamiento de la cuenca, debido al exceso relativo de agua que los españoles identifican en el lugar, a través de la construcción de diversos emplazamientos técnicos: el tajo de Nochistongo, el gran canal de desagüe y el drenaje profundo, que si bien son elementos diferenciados en el tiempo responden a la misma lógica de apertura de una cuenca endorréica hacia el lado norte. Es decir de la articulación técnica de cuencas naturalmente separadas y la construcción de un hidroespacio diferente del anterior.

La tercera estrategia o momento es aquella que es consecuencia de la escasez (producida por la estrategia anterior) de agua en la Ciudad y que se concretiza en un conjunto de emplazamiento técnicos hacia el sur de la cuenca para articularla con las de Lerma y Cutzamala desde las cuales se trae agua a la ciudad, conectándola hacia el sur y ampliando el espectro de influencia del hidroespacio de la ciudad sobre otros territorios y sus recursos. Completando la figura lineal que le da forma a lo que conocemos hoy como el hidroespacio completo de la ciudad de México que rebasa por mucho las dimensiones políticas y urbanas de la Ciudad llevándola más allá. Demostrando que el hidroespacio de una ciudad no es idéntico a su espacio en sí.

Por último la Ciudad se encuentra explorando de manera poco clara la extensión de su espacio ya no en términos de amplitud sino de profundidad. Lo que ya se hacía con el sistema de pozos que drenan agua del acuífero subterráneo se ha venido a complementar con el descubrimiento del acuífero que está por debajo del que se explota actualmente. Con lo que se completa la figura tridimensional del hidroespacio de la Ciudad de México. Situación que plantea una serie de problemáticas muy particulares a los espacios que son despojados de agua limpia, pero también a aquellos a los que se envía el agua residual como el Valle del Mezquital en el estado de Hidalgo

Por: Mtro. Luis Raúl Pérez Herrera
Profesor del ITSOEH

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