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Jueves , 21.06.2018 / 03:51 Hoy

Ando moreleando

Los dosmiles

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Estamos a unos días de la que probablemente sea la decisión más importante en lo que llevamos de siglo. De ella dependen el futuro de muchas economías, los avances insípidos pero valiosos en cuestiones ambientales e incluso la paz en distintos rincones del mundo. Aunque la mayor parte del planeta no pueda votar, todos nos veremos afectados por lo que suceda. Nos queda entonces observar, informarnos y cruzar los dedos.

La campaña electoral estadounidense refleja muchas actitudes y características de nuestros tiempos. El descontento con la política tradicional se ha entrelazado con las notas efímeras pero eficaces de las redes sociales. Es posible contagiar rápidamente ideas con filtros opacos; los memes y los tweets viajan rápido y cristalizan en unos cuantos segundos ideas simplificadoras y estereotipos.

Estos flujos de información han ayudado a democratizar el acceso a ciertos contenidos, pero al mismo tiempo han redefinido lo “políticamente correcto”. Ahora es más fácil improvisar críticas, replicar notas y encontrar seguidores. Ahora la demagogia tiene más espacios para seducir a las masas descontentas.

Por eso mismo es importante visualizar que el surgimiento de figuras como Trump no es espontáneo ni exclusivo de los Estados Unidos. En todas las regiones podemos apreciar casos tristísimos de ignorancia, corrupción e ineptitud en nuestros sistemas políticos. Si volteamos hacia nuestro ámbito local probablemente encontremos ejemplos de políticos tan reprobables como el candidato republicano.

El problema es que el resto de los gobernantes no tienen el poder al que Trump y Hillary aspiran. Un planeta con más de 30 guerras, 700 millones de pobres extremos y 65 millones de desplazados no puede permitirse un desliz en las elecciones de noviembre. Una persona que ha atacado física y verbalmente a mujeres, latinos, musulmanes, personas con discapacidad y otras minorías no debe tomar decisiones en el despacho oval.

El descontento mencionado anteriormente se relaciona con la desilusión y el desinterés. Todavía tenemos frescas sorpresas tan amargas como el Brexit y el No colombiano, en las que el miedo y la desinformación le ganaron a los argumentos razonables. Ojalá que arriba del Río Bravo se hayan aprendido estas lecciones.


moreleandodevueltaalcentro@gmail.com

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