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Jueves , 20.09.2018 / 10:32 Hoy

Guanajuarte

Las palabras de Ibargüengoitia

Valeria Carrillo

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 “¿No opina usted que el uso de guardaespaldas es indicio de que hay algo podrido en el gobierno?”
Jorge Ibargüengoitia

Guanajuato ha cambiado en los últimos años, con el alza de violencia que se ha suscitado en el estado no quedan rastros de la tierra donde crecimos en confianza y paz; sin embargo, Jorge Ibargüengoitia había meditado desde sus tiempos que una poderosa causa era aquella que viene desde la elección del pueblo.

Jorge Ibargüengoitia Antillón, escritor mexicano nacido en Guanajuato Capital, la que después rebautizaría con el nombre de Cuévano en una de sus novelas más notables: Estas ruinas que ves, uno de los tantos escritos donde el artista usó la sátira y parodia para criticar la política y sociedad mexicana, fue por esta misma forma de explicar la vida del estado que los guanajuatenses repudiaron al escritor.

Ibargüengoitia decidió emplear su intelecto que lo llevaría a dejar la carrera de ingeniería en la UNAM, para dedicar su vida a las letras, en donde publicó más de 20 obras de teatro, de las que recomiendo La lucha con el Ángel, que retrata la vida de una pareja en el México de los años 60 y destaca el tradicionalismo de una ciudad donde la vida social es difícil de sobrellevar. También dejó un total de siete novelas, de las que se destacan Estas ruinas que ves, Los relámpagos de agosto y Maten al León, por supuesto Jorge Ibargüengoitia redactó cuentos donde se distingue el volumen La Ley de Herodes.

El humor en sus escritos lo llevó a ser un narrador menospreciado por la crítica y casi aborrecido por el pueblo, pero nunca olvidado por los lectores. Mostrando historias donde los protagonistas son llevados por sus decisiones a situaciones difíciles en lugares donde se cumple el dicho: “pueblo chico, infierno grande”, pues las acciones personales en aquellos sitios eran analizados con ojo de lupa.

Me imagino que para el autor, tolerar este tradicionalismo no era una opción, pues desde una edad temprana decidió mudarse a Ciudad de México para estudiar en la UNAM, donde aún después de haber dejado la ingeniería por la facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad; más adelante, el escritor viajó a Madrid, donde perdió la vida en un accidente de aviación en noviembre de 1983, convirtiéndolo así en el protagonista donde las circunstancias lo rodean de desgracias.

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