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Lunes , 10.12.2018 / 08:33 Hoy

Guanajuarte

El orgullo por Guanajuato; el arte de Bustos

Valeria Carrillo

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“Hermenegildo Bustos, indio de este pueblo de Purísima del Rincón, nací el 13 de abril de 1832”. Algunos años antes de su muerte, el gran pintor guanajuatense grabaría esta leyenda en su autorretrato; demostrando de esta manera su orgullo hacia su procedencia. Hermenegildo Bustos representa para mí uno de los pocos artistas guanajuatenses que decidió seguir viviendo en el lugar donde nació, de hecho en el único artista de esta región en el que puedo pensar con esta tendencia a quedarse o regresar a su lugar de origen es José Alfredo Jiménez. Bustos fue una persona que, en mi opinión, nació con un don natural para el arte, pero no se confió de una habilidad innata, sino que a lo largo de su vida se dedicó a aprender de forma autodidacta hasta convertirse en el pintor que plasmaba, no sólo el rostro de sus modelos, también la psique de estos; convirtiéndose de esta manera en uno de los dos máximos pintores en el estado, junto con Diego Rivera. Por esta razón, la gente llegaba a que decir que a sus retratos nada más les faltaba hablar, pues en sus obras el cuerpo de los personajes estaba oculto casi por completo, además era usual que las personas en las pinturas sostuvieran objetos en sus manos, lo cual también, al mirar sus obras, da una mirada a la identidad del retratado. Hermenegildo Bustos fue respetado y admirado por sus trabajos en retratos y naturaleza muerta; obras llenas de sencillez, hermosura y fuerza psicológica (en pocas palabras, un verdadero equilibrio pictórico); aunque la pintura no fue el único oficio que practicó el artista, pues también trabajó vendiendo nieves, en albañilería, hojalatería, carpintería, sastrería y también se aventuró en el campo de la música, escultura y escenografía. Pienso que este acercamiento a diferentes ámbitos profesionales lo llevó a desarrollar esta versatilidad en la pintura; porque posiblemente su forma de crear arte no cambió, pero sí su capacidad para comprender y adaptar la personalidad de los modelos en sus obras; eso aunado al hecho del orgullo que sentía por sus orígenes, pues solía decir: “indio soy y a mucha honra”.

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