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Vesperal

Guadalajara y su cruz de plazas

Tomás de Híjar Ornelas

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Bajo el título “Guadalajara agradece al arquitecto Ignacio Díaz Morales en el XXV aniversario de su partida”, el Ayuntamiento de Guadalajara, ahí representado por el Presidente Municipal Enrique Ibarra Pedroza, ofreció en la Plaza de la Liberación o de las Dos Copas, la noche del miércoles 21 de marzo del año en curso 2018, un homenaje a Ignacio Díaz Morales (1905-1992) y su obra como creador, urbanista y maestro de muchas generaciones.

El escenario fue el más apropiado y la nutrida audiencia, incluyendo los descendientes directos de Díaz Morales, profesionales de la construcción y muchos jóvenes, escucharon de labios del alcalde y de los panelistas convocados, cómo la recia personalidad del homenajeado dio a la capital de Jalisco, en su tiempo, un rango muy elevado en lo que a la profesión que él tuvo respecta.

En el panel, hicieron uso de la palabra Fernando González Gortázar, Erich Coufal Kieswetter –por conducto de Castiello– y Enrique Nafarrete Mejía, hilvanando entre ellos un discurso que sin ser esa su intención, puso en alto la participación que tuvo en sus vidas un hombre, dijeron, íntegro, recio y con ideas claras y distintas, que consiguió realizar en buena medida lo que se propuso, tanto como ser humano, esposo y padre de familia, católico cabal sin gazmoñería, profesionista y mentor de la juventud.

Dos fueron los aspectos en los que más se resaltó la herencia de Díaz Morales a su lugar de origen: su participación decisiva al tiempo de fundar la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Guadalajara, que con un plan de vanguardia y sin reparar en lo ambicioso de sus miras, integró un equipo de colaboradores y un plan de estudios tan original que pudo, en los 12 años que la encabezó, sembrar en decenas de jóvenes inquietudes que luego estos convertirán en muchos proyectos que han impactado la fisonomía urbana de Guadalajara y muchos otros lugares.

Ciertamente, quienes en el aula fuimos sus discípulos –el que esto escribe, de estética en la facultad de filosofía del Seminario Conciliar tapatío– podemos asegurar que Díaz Morales era un varón de una pieza, un hombre de carácter y de sentimientos profundos.

También se habló del creador y de lo original de su producción, inspirada siempre en el orden, la mesura, la proporción y el equilibrio, siendo a decir de los presentes, la cruz de plazas su obra cumbre y digna de respeto, insistió enfático González Gortázar, del uso arbitrario que se le ha impuesto en los últimos años, clavándole carpas e instalaciones que anulan su vocación de espacio abierto al encuentro y a la convivencia citadinas.

La inminente apertura del Paseo Fray Antonio Alcalde dará a la cruz de plazas ocasión de potenciar su rango y significado, reto que tiene ante sí la administración municipal de Enrique Ibarra, para que mediante un plan maestro y un reglamento férreo impida que espacios como este caigan en manos del mercantilismo gansteril, como ocurrió con el Paseo Chapultepec.

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