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Lunes , 10.12.2018 / 18:32 Hoy

Trazos del noveno arte

¿Y si todos fuéramos vikingos?

Teodoro Santos

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Alguna vez escuche a alguien decir: “si viviéramos en la edad media podríamos defendernos mejor cuando nos asaltan, cuando nos roban; antes hubiéramos podido luchar con espadas y al menos tener una oportunidad, ahora de una bala nos matan y no tenemos nada más que hacer”. Una afirmación extraña ya que un espadazo también mata y no podemos hacer nada.

A la vez que escuche esta afirmación pensé en las probabilidades de sobrevivir en la edad media y el cambio que ha generado el modo de vida en la sociedad, al analizar algunas cosas de la historia hay algunas que son rescatables y como siempre uno de los pueblos que sobresalen debido a sus tradiciones y prácticas son los vikingos.

Algunas de estas prácticas podrían ser retomadas en el mundo actual, y no hablo sólo de la ambición por conocer el mundo y todos sus rincones, sino por algunas tradiciones que podrían traer grandes beneficios en la actualidad, sobre todo al impartir justicia de manera indiscriminada.

Para los guerreros nórdicos era tan importante saquear y robar tesoros en todo el mundo, como el hecho de servir y trabajar para un buen gobernante, nombrado en ese entonces como el “Jarl”; un Jarl benévolo y justo generaba honor y gusto por mantenerse a su servicio.

Pero, ¿qué pasaba si el Jarl no cumplía con las demandas y necesidades del pueblo?, simplemente era retado a un duelo a muerte y si el gobernante vencía simplemente demostraba su temple, su fuerza y su habilidad como un buen guerrero, reflejo de un buen Jarl, en cambio si era vencido en batalla, el retador se convertía en el nuevo gobernante, se alzaba con la gloria de su sangre y se coronaba con ovaciones ya que al vencer a su Jarl, demostraba ser más capaz para gobernar.

Una idea bastante interesante, en algunos panoramas parece ser la mejor opción para retirar a los gobernantes que no dan resultados a su pueblo, porque debemos admitir que a cualquiera le gustaría retar a un duelo a algunos líderes en todo el mundo y ver su sangre derrama en el campo de batalla, pero como todo en la vida hay un inconveniente, si se le vence se debe gobernar y dudo que cualquiera pueda gobernar en estos tiempos modernos, donde la sociedad exige más que una exploración a Inglaterra para buscar riquezas y matar a algunos cristianos. Y si el retador no está seguro de poder satisfacer las necesidades del pueblo, ni siquiera debería intentar este duelo, sino habrá muchas hachas en fila para pedir la cabeza del nuevo “Jarl”.

Suena algo desalentador si lo pensamos, aunque vendría muy bien ese tipo de presión en la política moderna, qué vikingo querría arriesgar su vida para derrocar a un tirano en el poder, y más sino tiene un apoyo de la misma sociedad a la que se trata de ayudar, porque en el juego del poder no se puede confiar en las alianzas, cada persona tiene sus propios intereses y al final, “el hombre es el lobo del hombre”.

Pero lo rescatable de esta tradición para exigir justicia y mejores gobernantes radica en el simple hecho de que los mandaban al otro mundo, ya sea a los tiranos, corruptos, ladrones y traidores; o a los pretenciosos enfermos de poder que al llegar a un puesto de gobernante no sabían que hacer y se la vivían en excesos, algo que sin duda nos sería de utilidad en el mundo moderno, poder erradicar de la faz de Midgard (tierra de los humanos en la mitología nórdica) a todos seres que no dieron la cara por su pueblo, lo cual era considerado una verdadera deshonra a los dioses.

La sola idea de poder deshacerse de la incompetencia de un mal gobierno es el sueño de muchos sectores de la sociedad, porque tampoco podemos negar que si un Jarl tenía un gobierno, ya fuera bueno o malo, generaba simpatía en algunas personas, al igual que un rey o un líder religioso; la idea de idolatrar a un similar que a veces ha cegado el sentido común de millones de personas a lo largo de la historia, y esto conlleva a consecuencias bastante desagradables que mantienen a las masas en un estado carente de razonamiento, suena bastante ridículo, pero tristemente es cierto.

Es por eso que algunas de las series televisivas, historietas, películas y videojuegos basados en la cultura vikinga han tenido gran aceptación en la sociedad, debido a que muestran un imaginario donde puedes conseguir lo que sea a base de habilidades de supervivencia: saber pelear, explorar, guiar y sobre todo tener la ambición de que los miembros de tu pueblo crezcan contigo; esa ideología te llevaría a una vida donde nada faltará, una sociedad sustentable.

Estos productos de entretenimiento ofrecen una válvula de escape a una sociedad cansada de la monotonía y amante de la vida “simple” que se tenía siglos atrás, pero al igual que cuando se va a acampar al bosque, hay cosas que se extrañan como un buen baño, por lo que la vida de un vikingo ya no suena nada cómoda, además qué haríamos sin la televisión o el internet.

Pero igual deberían rescatarse algunas tradiciones de los vikingos porque algunos gobernantes alrededor de este globo que llamamos Tierra deberían ser retados por el hacha y ver si es posible recuperar el orgullo y el honor de alguien que es nombrado “Jarl”, así también desalentaríamos a los pequeños duendes ambiciosos de poder para seguir sangrando a la sociedad por sus intereses, bajo el hacha deberían ser juzgados y bajo el hacha deberíamos ser juzgados todos.

teodoro.santos@milenio.com

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