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Meza de Redacción

Sesquicentenario de Hidalgo (Parte 1)

Tania Meza Escorza

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El grupo conservador parecía haber logrado su objetivo. Por el momento, el presidente Benito Juárez García y su cada vez más reducido gabinete, permanecían en aparente exilio en Paso del Norte (hoy, en su honor, Ciudad Juárez). Desde 1863 operaban fuera de la Ciudad de México, pero los escasos fondos públicos sobrantes de la guerra de Reforma estaban a merced del archiduque Maximiliano de Habsburgo, emperador importado de Europa en 1864 por el contubernio entre Napoleón III y varios mexicanos, quienes desconocerían las Leyes de Reforma en aras de sus propios intereses. Sí, había grupos leales, pero en ese momento además de la lealtad el presidente Juárez necesitaba recursos económicos para seguir combatiendo. Entre los principales detractores juaristas se encontraban varios grupos políticos y religiosos del Estado de México, con quienes ya se ajustarían las cuentas una vez expulsado al invasor.

Precisamente, con quienes también haría cuentas sería con los grupos de humildes mineros mexiquenses que extraían plata clandestinamente de las minas del norte de ese estado, y desde Pachuca y Real del Monte se la enviaban para que continuara su lucha. Además, dos de los más aguerridos comandos de chinacos (agrupaciones populares surgidas para combatir a los intervencionistas franceses) eran presididos por mexiquenses del norte: Nicolás Romero “El león de las montañas” (de Nopala, en el Valle del Mezquital), y Antonio Reyes “El Tordo” (de Huejutla, en la Huasteca). Por si fuera poco, fue en esa región mexiquense (El Hiloche, en Real del Monte) tan olvidada por Toluca en donde se dio la memorable victoria de las Casas Quemadas, en 1866.

No. El presidente Juárez no olvidaría ninguna de esas dos posturas provenientes de una misma entidad.

twitter: @taniamezcor

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