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Miércoles , 20.06.2018 / 01:07 Hoy

Meza de Redacción

La Transfobia en Hidalgo

Tania Meza Escorza

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Esta semana la población Transgénero y Transexual de la Ciudad de México, tuvo un logro verdaderamente histórico: La iniciativa para el acceso a la identidad de género.

No es menor, se trata de una iniciativa que varias organizaciones de la sociedad civil han construido y promovido desde hace varios años. Hoy, consiguieron que el Jefe de Gobierno del D.F. presentara dicha iniciativa como propia ante la Asamblea Legislativa. ¿Y en qué consiste? En que simplifica y abarata los trámites antes tortuosos y caros que las personas transexuales y transgénero tenían que hacer para acceder a un nombre, con todo lo que ello implica, es decir, el derecho a un título profesional, a un empleo no estereotipado, a herencias, seguridad social, pasaportes… en fin, a una identidad legal.

Si el ala conservadora de la Asamblea no se impone, pronto el Distrito Federal será nuevamente una entidad pionera en cuanto a derechos de la diversidad sexual ¿Y en Hidalgo? Nada, las personas transgénero y transexuales carecen de todo derecho, hasta del derecho a existir legalmente.

En nuestro estado, la Transfobia no sólo es institucional, también es culturalmente aceptada. Como botón de muestra está el reciente aniversario luctuoso de la activista Fernanda Lavalle, quien murió asesinada hace cuatro años.

El 20 de junio de 2010, la vicepresidenta de la asociación “Transgénero Hidalgo”, Fernanda Lavalle, fue encontrada amarrada, amordazada y con dos balazos en la cabeza. Aunque se desconoce la fecha exacta en que esta trabajadora sexual transgenérica fue víctima de este crimen de odio por transfobia, sus compañeras activistas la buscaban desde la noche del 16 de junio, cuando ella desapareció. Finalmente, su cadáver se encontró en los límites entre los municipios de Actopan y El Arenal.

El día de su funeral, la agencia de inhumaciones se negaba a publicar su nombre de mujer, pretendían a toda costa escribir en su obituario el nombre masculino porque así estaba registrado en el acta de defunción. Al final, la presión de las y los integrantes de la sociedad civil consiguió que, si no en vida, al menos en la muerte Fernanda Lavalle fuera reconocida con el nombre y el apellido que ella eligió.

A pesar de las protestas de activistas (incluso en otros países) en las semanas posteriores, la Procuraduría General de Justicia del estado turnó el caso de Fernanda Lavalle a la mesa de robos y de ahí no se movió.

Un mes antes del crimen de odio por transfobia contra Fernanda, la Organización de la Sociedad Civil “Letra S. Sida, Cultura y Vida Cotidiana”, había presentado los resultados preliminares del informe “Crímenes de odio por homofobia México 1995-2008”, mismos que señalan cinco asesinatos de este tipo en el estado de Hidalgo, y que hasta ahora constituyen la única cifra que se tiene al respecto.

Pachuca, Tenango de Doria, Huichapan y Tepeji del Río son los municipios hidalguenses en donde se llevaron a cabo los crímenes de odio por homofobia encontrados por “Letra S” durante una exhaustiva revisión hemerográfica.

El primer crimen de odio por homofobia en territorio hidalguense aparece en este reporte con el número 112. Se llama José Abelardo. Fue asesinado en su oficina, con un arma de fuego, en abril de 1999 en Pachuca.

En seguida se presenta el asesinato de Agustín, con el número 113. Él fue ultimado brutalmente en su domicilio, con un arma blanca, cortado por el tronco y la caja toráxica, encontrado sin vísceras y con semen en el recto, en Pachuca en abril de 1999.

Con el número 138 aparece Leodegario. Encontrado en una brecha, asesinado por un amigo suyo en Tenango de Doria con arma blanca, ultrajado y con la cabeza casi desprendida a machetazos, en marzo de 2000.

Jorge de 39 años aparece en el reporte con el número 262. Su cuerpo fue hallado en un canal, luego de ser asesinado en Huichapan por dos empleados suyos, hermanos entre sí, en febrero de 2003. El último caso en Hidalgo se presenta con el número 617. Se trata de un hombre desconocido, quien murió apedreado para luego ser tirado en una brecha de Tepeji del Río, en julio de 2008.

Cuando a ellos se sumó Fernanda en 2010, la activista traía una historia de violencia transfóbica en la ciudad de Pachuca, que incluía a las autoridades de la Preparatoria número tres, quienes la echaron cuando ella y sus compañeras repartían condones y folletos informativos en la entrada del plantel, y luego se negaron a ofrecerle una disculpa pública, tal y como se los pidió la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo.

Junto con otras activistas de la comunidad “TTT” (transgénero, travesti, transexual), Fernanda había sido violentada por el personal de la gerencia de C&A, que tres meses antes de su asesinato la echó de sus instalaciones por pretender probarse ropa femenina.

La homofobia es el odio hacia las personas que profesan una preferencia sexual distinta a la heterosexual. Pero dicha preferencia no resulta ser lo más peligroso, sino la apariencia de tener una identidad sexual diferente a la establecida. La transfobia, es la aversión hacia quienes pertenecen a la comunidad TTT.

En el caso extremo de los crímenes por homofobia o transfobia, la vejación se incrementa cuando las autoridades consideran estos homicidios como “crímenes pasionales” en lugar de reconocerlos como asesinatos por odio, situación que constituye violencia institucional contra la población Lésbico Gay Bisexual Transgénero Transexual Transvesti Intersexual (LGBTTTI).

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