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Meza de Redacción

El día de las Viudas

Tania Meza Escorza

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En el contexto urbano occidental, un Día Internacional de las Viudas parece un exceso, pero en la mayoría de los países (sobre todo los más pobres) los aspectos de la vida de las viudas y sus hijos e hijas se ven afectados negativamente por distintos factores económicos, sociales y culturales, como la falta de acceso a la herencia, la tenencia de la tierra, el empleo y los medios de subsistencia, las redes de seguridad social, la atención de la salud y la educación.

Desde 2011, cada 23 de junio se conmemora el Día Internacional de las Viudas bajo el siguiente argumento ofrecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU): “Ausentes en las estadísticas, inadvertidas por los investigadores, abandonadas por las autoridades locales y nacionales, y mayormente ignoradas por las organizaciones de la sociedad civil, la situación de las viudas es, en efecto, invisible”.

La Asamblea general de la ONU se expresó “profundamente preocupada porque millones de hijos de viudas se enfrentan a situaciones de hambre, malnutrición, trabajo infantil, acceso difícil a la atención de la salud, el agua y el saneamiento, pérdida de escolarización, analfabetismo y trata de personas. Reafirmando que las mujeres, incluidas las viudas, deben ser parte integrante de la sociedad en el Estado en que residen, y recordando la importancia de que los Estados Miembros adopten medidas positivas en ese sentido”.

Éste, como todos los Días Internacionales, no busca comercializar celebración alguna, se trata de llamar la atención sobre la difícil situación de más de 200 millones de viudas en todo el mundo, donde dichas mujeres y sus hijas e hijos se enfrentan a situaciones de malnutrición, trabajo infantil, pérdida de escolarización, analfabetismo y dificultades para el acceso a la sanidad y a la herencia.

Al igual que otras fechas que la ONU decide visibilizar dedicándoles un día al año, el Día Internacional de las Viudas nace como una propuesta de la sociedad civil organizada. Así, las Naciones Unidas decidieron respaldar la iniciativa de la Fundación Loomba, instituida en Inglaterra en 1997.

Su presidente es Raj Loomba, un hombre de origen hindú, se expresa así sobre la importancia de visibilizar la situación de inequidad y vulnerabilidad de las viudas en todo el mundo: “Me crié como hijo de una viuda, y experimenté de primera mano el sufrimiento que debió soportar mi madre. Cuando murió mi padre, mi abuela le ordenó quitarse todas las joyas incluido el bindi, y no volver a usar ropa de colores vivos nunca más. Yo era demasiado joven para comprender estas imposiciones en aquel momento, pero el día de mi boda el sacerdote hindú que presidía la ceremonia le pidió a mi madre que se alejara del altar de la celebración porque por su viudez podía traerle mala suerte a la pareja de recién casados.

“Este hecho dejó una profunda huella en mí ¿Cómo era posible pensar que una madre que me había dado a luz, me había educado y siempre me deseaba buena suerte podía traerme mala suerte? Ese fue el motivo que me llevó a fundar una institución de beneficencia para viudas, la Fundación Loomba”.

Para Raj Loomba, el sufrimiento de las viudas pobres y sus hijos es grave y desapercibido. Una mujer que sufre la pérdida de su esposo debe enfrentar los problemas derivados de quedarse sin apoyo en una sociedad en la que la presencia de un marido es esencial para su seguridad. Estas viudas, sus hijas e hijos, quedan expuestos a todas las formas de explotación posibles, ejercidas incluso por la propia familia. Muchas de estas crueldades responden a creencias religiosas y prácticas sociales establecidas.

En diversos países en desarrollo, cuando una mujer pierde a su esposo pierde su lugar en la sociedad. La familia de su marido y la sociedad en general, la ven como un elemento adverso. La culpan de la muerte de su esposo, la consideran una carga y comienzan a hacerle el vacío.

La difícil situación de las viudas está invisibilizada en muchos países y se ha agravado considerablemente debido a la pobreza, la enfermedad y la injusticia social. Con frecuencia ellas son las más pobres entre los pobres, invisibles, olvidadas y silenciadas. La combinación de la pérdida del sostén familiar y el estigma social al que conlleva, tiene efectos devastadores sobre los hijos e hijas que quedan a su cargo.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas: “Ninguna mujer debería perder sus derechos cuando pierde a su marido, sin embargo se estima que 115 millones de viudas viven en la pobreza y 81 millones han sufrido malos tratos. Las niñas casadas con hombres mucho mayores son especialmente vulnerables”.

Así pues, la instauración del Día Internacional de las Viudas por parte de la ONU, representa una de las formas más importantes y eficaces de luchar contra la pobreza y la injusticia a escala mundial y un elemento trascendente para conseguir la igualdad entre mujeres y hombres.

@taniamezcor 
FB: Tania Meza Escorza

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