• Regístrate
Estás leyendo: Un mundo sin Prince
Comparte esta noticia
Martes , 19.06.2018 / 16:19 Hoy

Estado fallido

Un mundo sin Prince

Susana Moscatel

Publicidad
Publicidad

No había que ser un conocedor o un gran fanático de la música para saber que algo importante estaba pasando. Exactamente a la par de la moda más vergonzosa de nuestra vida sonaban temas musicales tan extraordinarios, que algo instintivo nos decía que estarían con nosotros por el resto de la vida. No puedo creer que ahora vivimos en un mundo en el que no existe un Prince, un David Bowie o un Michael Jackson.

Todos se fueron de manera prematura. Yo no me siento tan lejana de aquella niña que prendía la radio y escuchaba esos punzantes y sensuales sonidos que no alcanzaba a comprender. Ellos crecieron con mi generación explicándonos, sin necesidad de palabras, que existía un mundo de arte que estaba muy ligado al despertar de nuestra sexualidad. Y sí, nadie lo hacía como Prince.

Curioso, porque para nuestras muy jóvenes mentes el personaje tan andrógino que presentaba el artista no era precisamente el objeto de deseo. Para eso teníamos a nuestras propias versiones de Justin Bieber ochenteras. Un Kirk Cameron, un Michael J. Fox (para quienes vivíamos en Estados Unidos en esos tiempos), quienes llenaban nuestras paredes con sus sonrisas seductoras o adorables desde sus pósters. Pero la sensualidad, la promesa de un futuro con riesgos, pasiones, emociones y sacudidas hasta las entrañas venían de la música que sonaba todo el día en la radio.

Hasta la fecha nadie puede definir a Prince como una sola cosa. Ni él mismo mantuvo su propio nombre por un tiempo, para nunca ser definido o ser gobernado por un contrato. Era absolutamente alguien diferente en forma y fondo y lo fue hasta el día en que murió. Estuvo con algunas de las mujeres más hermosas del mundo, pero sus demonios los mantenía privados. Marcó el futuro que ya quedó atrás, comparable solo con Orwell cuando nos cantaba "We are going to party like it's 1999".

Hizo lo que, es probablemente, uno de los tres mejores soundtracks de todos los tiempos con Purple Rain, donde no hay manera de describir la sensual melancolía que proyectaba al cantar esas líneas más que escuchándolo. Prince fue un absoluto original y hasta en sus extraños remixes como la "Baticanción" revolucionaba mentes (creo que esa es la canción que más veces he escuchado repetida en la radio, ya estando en México a finales de los 80).

Ante todo, Prince desafía las descripciones. Para eso habría que revisar el catálogo de emociones que nos acompaña a todos los que tuvimos el privilegio de crecer con su música. Nada para sacar toda la energía del mundo brincando como desquiciado con "Let's go crazy". Nada para un momento de ardiente pasión como "Kiss". Nada como para gritar "¡Sí, por favor!" como "Take me with you". Y sí, creo que hoy las palomas están llorando. Así suena, al menos.

¡Qué alguien me explique!

¿Qué diantres quiere decir Julión Álvarez cuando le afirma a Adela Micha que "él no dijo eso, pero no se retracta"?

¿Subirá la venta de trapeadores gracias a su generosa promoción gratuita del instrumento? ¿Él sabrá trapear? ¿Decir "educado a la antigüita" quiere decir misógino?".


Twitter: @SusanaMoscatel

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.