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Martes , 16.10.2018 / 23:24 Hoy

Estado fallido

La soledad en naranja y negro

Susana Moscatel

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Por convicción personal de quien escribe esta columna y por el deseo de no encontrar mi fin en manos de otra fan de la serie, esta columna no contiene spoilers respecto a la temporada 4 de Orange is the New Black. Lean con tranquilidad.

Soledad

Evidentemente no estoy sola, porque aunque Netflix nunca da sus números ni ratings oficiales, por primera vez la agencia Nielsen nos hizo el favor de anunciarnos que 6.7 millones de personas ya vieron la cuarta temporada de Orange is the New Black, y en muchos casos en solo tres días. La misma compañía de streaming, hace un par de semanas, dio a conocer un estudio de qué tipo de serie solemos "devorar" y cuáles vemos con calma, quizás haciendo un esfuerzo para no acabarnos demasiado de prisa lo que llevamos tanto tiempo esperando. Me encuentro, en cuanto a OITNB en el segundo grupo. A medias.

Una servidora tardó exactamente dos semanas en terminar la serie y, les aseguro, fue un ejercicio de absoluto autocontrol no irme como hilo de media, porque como ocurre con la mayoría de los adictos; estaba dispuesta a no dormir, comer, trabajar, interactuar con prójimo, ni bañarme con tal de no parar. Pero fui fuerte y ahora en vez de tener que esperar un año para volver a encontrarme con mis reclusas de Litchfield, ahora será solo unos once meses con dos semanas. Menudo favor que me hice.

Mi consuelo es que sé que ya firmaron al menos por tres temporadas más. Mi preocupación es que veo difícil que superen los últimos tres capítulos de la temporada cuatro. Mi tranquilidad es que sé que con personajes tan extraordinariamente bien manufacturados en papel e interpretados en la pantalla no será fácil agotar Orange, siempre y cuando su creadora Jenji Kohan siga inspirada.

La cosa es esta. Cualquier nuevo contexto social. Cualquier espacio en el que se tiene que compartir vida con propios y extraños, y en cualquier momento de nuestras vidas, podemos descubrirnos siendo los protagonistas de las más dramáticas e inesperadas historias. Tragedias que vienen de la nada. Escarnio social. Agresión. Amor donde menos nos imaginábamos. En fin, no digo nada que no sepan aquellos que siguen la serie, pero si puedo asegurarles que el talento para volver aparentes villanos en seres entrañables y en dejarnos helados de un momento al otro no es cualquier cosa. Estoy admirada.

¿Mi problema ahora? Lo planteábamos aquí desde que empezó a ser un enorme fenómeno Netflix en México y el mundo. ¿Cuándo es buen momento para poder compartir los giros y traumas de la historia sin fregarle la vida a quien está cuidando los capítulos? Aun no lo sé. Por eso busco entre mis amigos a alguien que comparta esta impactante afición. Por ahora son pocos. Pero solo es cuestión de días. ¡Ya quiero hablar de lo que pasó en Litchfield! ¿Alguno de los que lo vio todo en tres días le gustaría hacerse presente?

¿En serio?

¿Rihanna saca un sencillo llamado "Sledgehammer" y nadie se pone a gritar que uno de los mejores videos de la historia de la música llevaba ese mismo título y era de Peter Gabriel?

susana.moscatel@milenio.com

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