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Viernes , 25.05.2018 / 22:25 Hoy

Estado fallido

La orca en la tele

Susana Moscatel

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Yo no pude ver el documental Blackfish a la primera. Me tomó cuatro intentos en CNN internacional hasta que pude aguantar el dolor que me provocaba el sufrimiento de esos esplendidos mamíferos y que era expuesto de esa manera en dicho documental. Blackfish primero se estrenó en alguna sala de cine comercial, por eso ahora es de los finalistas para ser nominados al Oscar. Pero siendo una producción en la que CNN está involucrado y finalmente, un tema noticioso, más de 22 millones de personas lo pudieron ver. Es la nueva forma de competir en los premios de la Academia por mejor documental (y otras categorías). La tele. Todo está en la tele. En el cine probablemente me hubiera pasado lo mismo que me ocurrió con la trágica The Cove (asesinato masivo de delfines) y no hubiera aguantado la idea de estar ahí.

Lo que me pasa es irrelevante. Pero lo que le pasa a los miembros de la Academia al ver documentales como éste, que deben ser el fin de industrias que se basan en el cautiverio y la tortura animal, es bastante importante. Seguramente lo vieron en la tele. Varias veces. En diferentes momentos. Entonces, es mucho más probable que voten por él. Veo a Blackfish compitiendo fuertemente por ese Oscar.

Ahora, para quien no tenga esa versión de CNN, este documental ya está en TODAS las plataformas que uno pueda imaginar cuando se trata de ver películas y series. Es un gran tema, revelaciones de ex entrenadores de estos animales a quienes equivocadamente llaman ballenas (no lo son) asesinas (sí lo pueden ser, sobre todo bajo las circunstancias en las que las colocan). Las reglas siguen cambiando. Ahora queda la esperanza que estos documentales hagan más que ganar premios.

Eso es lo que llamo un piano bar

Cuando Celine Dion fue presentada como la primera cantante semipermanente en el Coliseum del Caesars Palace, en Las Vegas muchos analistas aseguraron que había nacido una nueva era para las estrellas de la música. Si por algo se ha caracterizado el mundo de la música es por su inestabilidad y, aunque hay cierto nivel de estrella que ya puede vivir tranquilamente de sus regalías, con las nuevas tecnologías ya nada era seguro. El tema está en los shows en vivo y punto.

Por ahí desde entonces han pasado Elton John, Rod Stewart y hasta en fiesta patrias Luis Miguel. Es un estupendo escenario, pero evidentemente tiene un número limitado de butacas que hace lo permanente algo viable.

Lo que nunca habíamos escuchado era un cantante fijo en un espacio tan enorme y relevante como el Madison Square Garden de Nueva York. Y no podía ser más que Billy Joel quien se quedara con este hito en la historia de la música en vivo. Cada concierto que toca ahí se vende en segundos, por lo cual han decidido hacer uno al mes hasta que… como diría Chente, el público deje de aplaudir. Es extraordinario e inaudito. Y los que amamos apasionadamente a Joel somos felices porque, francamente, en cierto punto parecía que ya no iba a querer volver a trabajar. Ahora, ¿qué tal si nos regalas otro disco, Piano Man? El mundo lo necesita.

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