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Viernes , 22.06.2018 / 19:19 Hoy

Estado fallido

Gracias, Rabinovich

Susana Moscatel

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Les Luthiers sin la menor duda es uno de los mejores grupos de comediantes y músicos del mundo. No hablo de Argentina. No hablo del universo de habla hispana. Simple y sencillamente reto a cualquiera a que me ponga enfrente a cualquier grupo de personas capaces de tener ese nivel de creatividad, composición, géneros y carcajadas.

Por eso la muerte de Daniel Rabinovich, el encantador músico, actor, cantante (entre tantas cosas más) del grupo, fue una de las noticias más tristes que nos pudieron haber dado el recién terminado fin de semana. Para todos los que gritamos desesperados por ese humor inteligente que parece estar ausente de nuestros medios en estos tiempos, no existe mejor manera de refutar su ausencia que poniendo cualquier disco, casete o dvd de Les Luthiers. Y si uno tiene suerte, y vaya que en algún momento la tuvimos en México, la oportunidad de verlos en vivo.

La buena noticia es que, como lo deseaba el mismo Rabinovich desde que sufrió su primer infarto en 2012, Les Luthiers continúa. Rindiéndole tributo al hombre que en varias ocasiones compararon con Peter Sellers (a mí me hacía reír más Daniel) y a uno de los fundadores de la banda.

Hace muchos años en un hotel de Polanco de la Ciudad de México esta reportera llegó más emocionada que si fueran los Rolling Stones para entrevistar a Les Luthiers. Ellos, encantadores como si fuesen los tíos que dejé de ver a los cinco años, reían, platicaban, compartían y discutían entre ellos. Pude ver perfectamente cómo serían sus sesiones creativas y la vida con ellos. Recuerdo bien que Víctor Trujillo también estaba ahí, listo para platicar con los maestros. Yo no podía de la felicidad. Y entonces les dije: “Señores queridos. Cuando yo era chica ustedes no hacían giras por México. Me enamoré de su comedia a través de sus casetes (para los millennials los casetes son esas cosas en las que Starlord guardaba la música terrestre y ochentera que le había dejado su papá en Guardianes de la galaxia). ¿Por qué ya no quieren grabar sus shows?

Enseguida y con ese agudo tono al que solo llegan los más simpáticos argentinos cuando discuten, empezaron a debatir entre ellos y recuerdo perfectamente al maravilloso Rabinovich jalándome al lado mientras continuaba la discusión y diciéndome: “¿Verdad que sería bueno? No quieren. Ayúdame a convencerlos”.

No puedo explicarles lo que ese momento fue para mí. No logré hacerlo, pero pronto llegaron a un acuerdo para empezar a sacar sus más grandes éxitos en dvd. Ese era el punto en el que todos estaban de acuerdo, la experiencia era mucho más que auditiva. Había que verlos jugar con esos fantásticos instrumentos que inventaban de los objetos más sorprendentes. Había que ver sus caras. Sus expresiones. Las de Rabinovich en particular. Risas absolutas y puras. Y además, las giras continuaron y los pudimos ver muchas veces más en México. Rabinovich siempre llegaba feliz, entero y lleno de ganas de hacernos reír. Nunca falló.

Así que tras un momento de tristeza por su partida, me quedo con las horas de risas, sonrisas y agradecimiento. Por el hecho de que hasta cuando lo fuimos a saludar a uno de sus shows en Argentina hizo el esfuerzo por pretender de la manera más encantadora de recordarnos. Como si fuésemos viejos amigos. Para mí, sin la menor duda lo era.

Así que me quedo con sus propias palabras inmortalizadas en el show de Bromato de Armonio de Les Luthiers: “La vida es hermosa y merece ser vivida y en cambio la muerte merece ser morida”. Pues sí. Pero con una enorme sonrisa de agradecimiento, señor Rabinovich.

¿En serio?

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@SusanaMoscatel

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