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Martes , 21.08.2018 / 17:46 Hoy

Estado fallido

Golpes contra chismes: todos perdemos, Yáñez

Susana Moscatel

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El cuarto poder se creó para muchas cosas, pero sin la menor duda, cuando el periodismo fue inventado y propuesto como una de las columnas que sostienen a nuestra sociedad y vigilan que los demás poderes hagan su trabajo, estoy segura de que nadie estaba pensando en cómo pasar a fregar a los famosos y faranduleros que el futuro traería inevitablemente.

De la misma manera, sé que cuando se empezaron a escribir las primeras obras de teatro, donde los hombres interpretaban personajes ajenos a sus vidas, ningún dramaturgo se puso a pensar que esos seres que representarían a sus personajes tendrían que rendir cuentas por su vidas privadas, interesantes o no.

Pero eso era entonces. Es, sin la menor duda, un mal aceptado que con la libertad de prensa vendrá una serie de daños colaterales que son imposibles de anular, porque si ese fuera el caso, entonces se tendría que anular de manera subjetiva lo que sí es información necesaria para la sociedad.

Y ahí les va, por supuesto que yo, como orgullosa editora de la fuente de espectáculos, lo último que creo es que seamos un mal necesario. Todo, todo lo contrario, pero si solemos ser lo más sacrificable cuando se trata de vender, hacer click o simplemente generar escándalos para el beneficio de muy pocos, el morbo de una mayoría y la desgracia de otros.

Pues sabiendo esto, creo que nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que muchos asumen. Sabiendo que fácilmente podemos ser usados; un reportero que está preguntando y hostigando a un famoso sobre su vida privada no puede darse el lujo de actuar como si lo estuviera haciendo como un acto de beneficio para la sociedad. Por la libertad de expresión. Sí, está protegida por ella. Pero ese reportero o reportera lo último que está haciendo es proteger a esa misma libertad que tanto aclama para preguntar sobre temas personales.

Hay maneras de hacer esto, también. Niveles. Histerias. Complicidades. A veces se vale. A veces destruye familias. A veces son los dueños de esos mismos medios los que mandan a callar a otros cuando el escándalo trata de ellos. A mí no me hables de “defiendo la libertad de expresión, cuando estoy hostigando a un actor de telenovela sobre algo que francamente no debería importar”.

Vean la diferencia con la cobertura espontánea del caso del productor Harvey Weinstein. ¿Sirve de algo? Pues demasiado tarde, pero sin duda muchas mujeres tendrán una mejor plataforma para defenderse del acoso sexual en Hollywood en un futuro. Eso, eso sí importa. Y si queremos de verdad meternos en buenos problemas, deberíamos estar haciendo esas notas en México, donde obviamente lo mismo ha pasado y ha sido un secreto a voces. ¿Pero la relación de Eduardo Yáñez y su hijo? No podría ser menos asunto del prójimo, no podría beneficiarnos menos estar enterados de eso y no seguiríamos generando estrellas, así si tuviéramos un mejor criterio respecto a lo que nos preocupa.

Ahora, el actor golpeó al reportero. Y me temo, sr. Yáñez, que ni usted ni nadie en una alfombra roja va a determinar los límites de la libertad de expresión a trancazos. Nada tiene que ver con usted y su vida (la cual nos tiene sin cuidado a muchos y le deseamos lo mejor), tiene que ver con que sí usted puede ¿quién va a detener a los quienes quieran golpear a los buenos y verdaderos periodistas, sea la fuente que sea? Tristemente, la respuesta la conocemos y es trágica. Nadie.

Así que hagamos mejor periodismo de espectáculos para evitar ser la mosca en la sopa, ¿no? Y para poder exigir que señores como éste no suelten golpes cargados de testosterona y enojo.

Twitter: @SusanaMoscatel

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