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Miércoles , 19.09.2018 / 14:31 Hoy

Estado fallido

¡Está vivo!

Susana Moscatel

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Lo bueno de llevar ya varios años en este medio es que acabas conociendo, y a veces hasta trabajando, con algunos de los más importantes personajes del mismo. Lo malo de llevar varios años en este medio es justo lo mismo. Sobre todo cuando tu trabajo radica principalmente en hacer reseñas y, aunque la palabra me causa roña, hasta críticas del trabajo de los demás.

Por eso creo que, para poder criticar, tienes por lo menos que haber hecho el intento de hacer las cosas de alguna manera u otra, para entender lo que implican, lo que está en juego. Si no, solo corres el riesgo de ser un académico sentado en un falso pedestal aventando teorías y opiniones sobre todo. Creo que todos hemos pasado por ahí, pecado de puristas, sido malinchistas y pensado que por el hecho de pasar nuestros días con el trasero en miles de butacas sabemos todo lo que hay que saber sobre teatro y cine. Y por eso nos equivocamos muy seguido.

De que hay géneros y gustos para todos, sin duda. Creo que nos brinca el monstruo, a los más mamilas de nosotros, cuando nos enteramos que alguien quiere tocar a alguno de nuestros creadores sagrados. Vaya que Adal Ramones lo vivió cuando hizo Sueños de un seductor, de Woody Allen. Y claro que puede o no gustarnos la tropicalización de esa neurosis en particular, dependiendo de qué fibras nos toque. Si uno es fan de Adal no le va a importar que se pierda todo el detalle fino de los alucines de Sam Félix por su nueva soltería. Si uno no sabe quién es Bogart no le va a importar que sea precisamente él quien esté aconsejando, aunque sea de manera imaginaria, a nuestro protagonista. Pero "si quieren monólogo" nada de eso importa. A eso van y con eso se quedan.

Elegí ese ejemplo del pasado, porque para mí la santa trinidad de la comedia es Allen, Python y Brooks. Mel Brooks. Y ahora los Mascabrothers, encabezados por Alejandro Gou, se volvieron a aventar el tirito de traer al público mexicano un musical del último mencionado, basado en una de sus películas: El joven Frankenstein.

Debo aceptarlo, la primera vez que lo hicieron con Spamalot, de Monty Python, casi me caigo de la silla, y así lo escribí. A ciegas, porque no había visto nada. Simplemente me vi como alguien que no es el público del Tenorio cómico y que, aunque no está peleada con las morcillas, le gustan sus vacas sagradas completas. Me equivoqué gravemente esa vez y lo dije enseguida que vi la adaptación de la obra. ¡Funcionaba de maravilla! Sí, hecho para el público mexicano con referencias y chistes locales, lo cual resultó muy útil, porque el Teatro Aldama no estaba repleto de lords ingleses, sino de puro paisano que se quería divertir. Semanas después, cuando el gran Eric Idle de Monthy Python vino a México y platicamos al respecto gracias a Álex Gou, me di cuenta de que las vacas no quieren ser sagradas. Quieren hacer reír. Y vaya que eso había ocurrido.

El joven Frankenstein no es ni de lejos la mejor obra de Mel Brooks. Como película es un simpático clásico, pero no su obra maestra. Sin embargo, funcionaba de maravilla con las características de Freddy y Germán Ortega y fue adaptada tras un largo y complejo proceso para que hiciera reír hasta en partes en que la original de Broadway no lo lograba hace unos ocho años, cuando la montaron ahí. Me consta. Donde falta historia y conflicto (porque así es la obra original) entraba el talento, los chistes y las enormes voces de Lissette, Anahí Aluhé y Marisol del Olmo. ¿Y qué decir de Gerardo González como el monstruo? ¡Yo quiero uno así!

La producción está de locos. Hay ciertos momentos en los que, para ser franca, me tuve que preguntar: "¿Cómo se atrevieron?", en el mejor sentido posible. No se escatima en nada y mucho menos en la creatividad. Yo, que enfurezco cuando la gente dice "está como en Broadway", puedo decir que aquí me impresionó mucho más que allá.

Así que ahí lo tienen a grandes rasgos. Esta purista de Mel Brooks se reía y se reía, incluso a pesar de mí misma, con muchos de los albures (muchos bastante finos, otros todo lo contrario) a sabiendas que funciona. No se pierde a Mel Brooks entre los Mascabrothers. Pero como les dije a ellos: "En México la gente los viene a ver a ustedes". Qué padre que puedan llevarse a mi amado Mel con ellos en el camino. Felicidades.

@SusanaMoscatel

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